Morales Bermúdez salva de morir tiroteado en atentado en Chorrillos y de ser ametrallado en desfile militar

Militares insurrectos de “la orga” fueron buscados “vivos o muertos” y uno de ellos murió baleado en el refugio donde se ocultaba de la persecución

El fracaso del golpe militar del 20 de julio de 1976 contra Francisco Morales Bermúdez y los generales que traicionaron al presidente Juan Velasco Alvarado no hizo retroceder a la célula de oficiales liderados por el mayor EP José Fernández Salvatecci, quienes a partir de ese momento pasaron a la clandestinidad, donde diseñaron una estrategia de acción que abarcaría todos los medios de lucha para desalojar del poder a “la camarilla de generales traidores”, como ellos los llamaban, e incluiría acciones armadas de aniquilamiento.

Sus intervenciones, verdaderamente temerarias, porque expusieron sus propias vidas, los conducirían a la postre al exilio, y en adelante se propusieron darle batalla a Morales Bermúdez en todos los terrenos, priorizando los métodos clandestinos; es decir, la severa reserva de los acuerdos y acciones, así como la actuación de elites de comandos dispuestos a zanjar en el más breve plazo el relevo de la nueva cúpula gobernante. En 1976, pocos meses después de las fallidas tomas de los cuarteles “La Polvora” y la “División Blindada”, conforme lo ha narrado el propio capitán EP Eloy Villacrez Riquelme, en su crónica “Los intentos para derrocar al felón Morales Bermúdez” (http://www.izquierdaperu.org/category/eloy-villacrez/), él y el capitán A. Loayza (no consigna su nombre completo) se lanzaron decididamente a interceptar y eliminar a balazos a Morales Bermúdez, en circunstancias que se dirigía a un acto oficial en la Escuela Militar de Chorrillos.

Los tiradores se apostaron aparentemente en una situación inmejorable, aproximadamente a 150 metros de distancia y le dispararon a matar. Pero, como lo dirían después “yerba mala nunca muere”, las balas rozaron a escasos centímetros de la cabeza de Morales Bermúdez, y como era de esperarse se desató sobre ellos una “cacería encarnizada” que terminó con el asalto de un comando de inteligencia al refugio de Loayza, donde lo asesinaron a balazos.

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