Desfile y Gran Parada Militar del Perú 2015 [¡EN VIVO Y EN DIRECTO!]

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Imponente desfile militar este 29 de Julio : Las tres armas mostrarán sus últimas adquisiciones

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Diversas delegaciones se presentarán este 29 de julio en la gran Parada Militar 2015, con motivo del aniversario patrio, pero definitivamente los miembros de las Fuerzas Armadas y sus equipos serán los que más llamarán la atención.
Las FF.AA. mostrarán su poderío militar, equipos disuasivos vitales para la defensa del territorio peruano ante cualquier agresión externa.
Entre los agrupamientos que veremos estarán las unidades motorizadas de la Marina de Guerra con su Batallón de Vehículos Tácticos de Infantería de Marina, cuya misión es efectuar operaciones de transporte anfibio, reconocimiento y exploración, y proporcionar apoyo de transporte táctico – logístico, a las unidades operativas de de la Infantería de Marina.
En el caso de la Fuerza Aérea, sobrevolarán el cielo de la avenida Brasil las más poderosas naves de su arsenal. Entre ellas estarán las Espartan C27J, los Antonov, los Tucano T27, los Pilatus Porter, y los KT1P. Asimismo, se podrá observar la nave del tipo CH 2000 o KT41 (Antarqui). No se descarta la presencia de los Mig-29 o los MIrage.
En cuanto a los helicópteros, se harán presentes los rusos MI-171, usados para la evacuación, combate y rescate en zonas de conflicto. Estas naves usan sofisticados visores nocturnos para mejorar la visualización de la zona. Igualmente, estarán los del tipo Bell 212, utilizados para luchar contra los remanentes senderistas en la zona del VRAEM.
Otras unidades que saldrán a las calles serán el simulador DHC-6, Centro de Desarrollo de Proyectos, el misil aire/aire R-77, la poderosa ametralladora Dillon 7.62 y su novedoso sistema de guiado para bombas inteligentes, los cuales serán utilizadas para la defensa nacional y la pacificación del país. También el radar LPD-20, misiles Igla y Javelin.
El Ejército presentará sus vehículos de reconocimiento tipo Humvee de fabricación norteamericana, los cuales realizan junto, con las motocicletas y los areneros tubulares, misiones de reconocimiento en la búsqueda de informaciones en el campo de batalla.
También se mostrará el nuevo material de artillería (Lanzadores Múltiples 90B), de fabricación china con 40 bocas de fuego eficiente y eficaz, y con una serie de bondades que lo convierten en un sistema de arma completo para la artillería del Perú.
Otra maquinaria que será presentada será los vehículos de reconocimiento VTT, las cuatrimotos Yamaha Grizzly YFM 700, vehículos tubulares, vehículos Iveco con cañón AT y carros de reconocimiento Iveco “Spike”, que poseen misiles antitanque portátil.
También se podrá observar a los vehículos portatropas y los blindados cazatanque “Alacrán”.
Asimismo, vehículos de combate antiaéreo autopropulsado ZSU 23-4, obús de 105 milímetros M-56, cañones de 130 milímetros M-46, lanzadores múltiples BM-21 y vehículos de hospitales de campaña (ambulancia), rayos X, laboratorio, duchas, banco de sangre y de prevención de epidemias. Todos estos últimos sirven para loas acciones de apoyo social que cumple el Ejército.
Por su parte, la Marina mostrará los dos primeros vehículos blindados 8×8 LAV II “Caimán” adquiridos para la Brigada Expedicionaria Anfibia (BEA), que arribaron recientemente a nuestro país.
La Marina de Guerra del Perú, en el marco del Programa de “Mejoramiento de las Capacidades Operativas de la Brigada Anfibia de la Fuerza de Infantería de Marina para la Acción Inmediata en la Defensa del Litoral”, adquirió en julio de 2014, a través de la Corporación Canadiense de Comercio, un lote de 32 LAV II por un monto de 67 millones de dólares.
Dato : Artillería

También se mostraría el nuevo material de artillería (Lanzadores Múltiples 90B), de fabricación china con 40 bocas de fuego eficiente y eficaz, y con una serie de bondades que lo convierten en un sistema de arma completo para la artillería del Perú.

REPORTE SEMANAL: LAV II

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Reporte Semanal presento un avance de los preparativos para la parada Militar que se realizara este 29 de Julio, entre ellos se muestra las nuevas unidades para la Brigada Expedicionaria de la Marina de Guerra del Perú, los LAV II.

Libros peruanos en pdf para descargar : Varios temas

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causachun-peru-llacta-carajo-viva-el-peru-caraj-15665-MPE20106479624_062014-FCada libro figura con su enlace original, pero para hacerles la tarea de descarga más fácil, los he reunido todos en este enlace. Ojalá les sirva de ayuda esta lista, porque de ser así, entonces la próxima será sobre 100 libros de Historia y Cultura del Perú en acceso abierto.

01. Raúl Porras Barrenechea: El Legado Quechua
02. Obras Completas de José de la Riva-Agüero y Osma. Tomo 4. La Historia en el Perú
03. Luis E. Valcárcel: Memorias
04. Túpac Amaru y la Iglesia en el Cusco. Antología
05. H. Bonilla, P. Chaunu,T. Halperin, E. Hobsbawm, K. Spalding, P. Vilar: La independencia en el Perú.
>>> Seguir Leyendo… >>> 06. Nils Jacobsen y Nicanor Domínguez: Juan Bustamante y los límites del liberalismo en el Altiplano: La rebelión de Huancané (1866-1868)
07. John Fisher: El Perú Borbónico 1750-1824.
08. Nicomedes Santa Cruz: La décima en el Perú
09. Timothy E. Anna: La caída del gobierno español en el Perú: el dilema de la independencia.
10. Max Hernández: Memoria del bien perdido: conflicto, identidad y nostalgia en el Inca Garcilaso de la Vega
11. Christine Hünefeldt: Lasmanuelos, vida cotidiana de una familia negra en la Lima del s. XIX
12. Jorge Lossio: Acequias y gallinazos. Salud ambiental en Lima del siglo XIX
13. María Isabel Remy: Historia de las comunidades indígenas
14. Carlos Sempat Assadourian: El sistema de la economía colonial
15. Heraclio Bonilla: Guano y burguesía en el Perú
16. Martha Andera: Historia y etnografía: Los Mitmaq de Huánuco en las visitas de 1549, 1557, 1562
17. Marcos Cueto: El regreso de las epidemias
18. M. Cueto, J. Lossio, C. Pasco: El rastro de la salud en el Perú
19. Carlos Contreras: La ciudad del mercurio
20. C. S. Assadourian, H. Bonilla, A. Mitre, T. Platt, Tristán: Minería y espacio económico en los andes: siglos XVI – XX
21. Rebeca Carrión Cachot: El culto al agua en el Antiguo Perú
22. Jorge Basadre: El Conde de Lemos y su tiempo
23. Jorge Basadre: Peru: Problema y posibilidad
24. Jorge Basadre: Memoria y destino del Perú. Textos esenciales
25. Herbert Morote: Bolivar, Libertador y enemigo N° 1 del Perú
26. Herbert Morote: El militarismo en el Perú. Un mal comienzo, 1821-1827
27.Herbert Morote: Pero… ¿tiene el Perú salvación?
28. Herbert Morote: Requiem por Perú, mi patria
29. Pablo Sandoval (ed.): Repensando la subalternidad. Miradas críticas/ sobre América Latina
30. Eduardo Huárag Álvarez: Los afrodescendientes en el Perú republicano
31. Dionisio de Haro Romero: Fuentes documentales e historia monetaria: La Casa de Moneda de Lima en el Archivo General de la Nación – Archivo Colonial (1717 – 1829)
32. Gilda Cogorno: Agua e hidráulica urbana de Lima: espacio y gobierno, 1535-1596
33. Obras Completas de José de la Riva-Agüero y Osma. Tomo 7. Estudios de Historia Peruana. La Emancipación y la República
34. Obras Completas de José de la Riva-Agüero y Osma. Tomo 6. Estudios de Historia Peruana. La Conquista y el Virreinato
35. Obras Completas de José de la Riva-Agüero y Osma. Tomo 5. Estudios de Historia Peruana. Las civilaciones primitivas y el Imperio Incaico
36. Obras Completas de José de la Riva-Agüero y Osma. Tomo 3. Estudios de Literatura Universal
37. Alberto Tauro: Guía de estudios Históricos (1955)
38. Peter Klaren: La formacion de las haciendas azucareras y los origenes del APRA
39. Oliver Dollfus: El reto del espacio andino
40. Jo-Marie Burt: Violencia y autoritarismo en el Perú: bajo la sombra de Sendero y la dictadura
41. Jose Luis Rénique: La voluntad encarcelada: la “luminosas trincheras de combate” de Sendero Luminoso del Perú
42. Julio Cotler y Romeo Grompone: El fujimorismo: ascenso y caída de un régimen autoritario
43. Steve J. Stern: Los senderos insólitos del Perú: guerra y sociedad, 1980-1995
44. Martin Tanaka: Los espejismos de la democracia: el colapso del sistema de partidos en el Perú, 1980-1995, en perspectiva comparada
45. Fundación del Banco Continental: «Trujillo del Perú. Baltazar Jaime Martínez Compañón. Acuarelas. Siglo XVIII»
46. Antología General de la Prosa en el Perú. Tomo I, Los orígenes; de lo oral a lo escrito
47. Antología General de la Prosa en el Perú. Tomo II, Del Siglo XVIII al XIX
48. Antología General de la Prosa en el Perú. Tomo III, De 1895 a 1985
49. Perú, Hombre e Historia Vol. II, Entre el Siglo XVI y el XVIII
50. Perú, Hombre e Historia Vol. III, La República
51. Los 50 libros que todo peruano debe leer
52. Compendio de Historia Económica del Perú. Tomo 1. Economía Prehispánica (2008)
53. Compendio de Historia Económica del Perú. Tomo 2. Economía del período colonial temprano (2009)
54. Compendio de Historia Económica del Perú. Tomo 3. Economía del período colonial tardío (2010)
55. Compendio de Historia Económica del Perú. Tomo 4. Economía de la primera centuria independiente (2011)

Sinamos trabajó para que organismos de base ejercieran el autogobierno

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Por: Víctor Alvarado

Un organización estatal creada por la revolución militar velasquista, que los enemigos de Velasco atacaron con rudeza fue el llamado Sistema Nacional de Movilización Social- Sinamos, mencionado popularmente como “Sin Amos”.

Desde la derecha fue calificado como “ogro filantrópico” (Octavio Paz lo usaría como título de una celebrada obra), por supuestamente representar un glotón que crecía devorándolo todo, y desde la ultraizquierda, como la “encarnación misma del corporativismo fascista”. Y no fue ni lo uno ni lo otro.

Como lo sostiene en esta entrevista, el abogado, etnólogo y sociólogo José Carlos Fajardo, autor del polémico libro “Organización y participación política en el Perú antes y durante el gobierno de Juan Velasco Alvarado”, Sinamos no se inmiscuyó ni controló las organizaciones de base creadas por la revolución, sino las asesoró, capacitó y asistió incluso financieramente cuando las circunstancias lo requiriese, para que ejercieran el autogobierno en sus jurisdicciones.

A pesar de que tuvo una breve existencia, pues inició sus actividades en 1972, luego de un año de preparación de sus equipos, entre otros méritos se le debe la organización, luego de la reforma agria, de1,055 empresas campesinas, entre ellas: 441 cooperativas, 56 Sociedades Agrícolas de Interés Social-SAIS, 402 grupos campesinos y 156 nuevas comunidades campesinos, que agruparon a 8 millones de personas..

Es oportuno reconocer que sus logros fueron obtenidos por el trabajo de su equipo de dirección conformado por: Helan Jaworski, Federico Velarde, Francisco Guerra, Jaime Llosa, Hugo Neira, Héctor Béjar, entre otros, bautizado por los velasquistas como “la Aplanadora”, bajo la jefatura del general Leónidas Rodríguez Figueroa y Carlos Delgado Olivera.

“Sin Amos” dejó de funcionar el día del derrocamiento de Velasco Alvarado por el golpe de estado del 29 de agosto de 1975 del general Francisco Morales Bermúdez.

A continuación, la entrevista al experto José Carlos Fajardo.

“Organización y participación política en el Perú”, polémica obra de José Carlos Fajardo

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¿Cuándo comenzó a funcionar Sinamos?

En abril de 1972 comenzó a funcionar el Sinamos, culminando casi un año de trabajos preparatorio realizado por una comisión dirigida por Carlos Delgado y el general Leónidas Rodríguez. Su creación respondió a la necesidad de complementar la socialización de los medios de producción con la socialización del poder.

Los enemigos de Velasco lo motejaban como fascista, ¿qué responde?

Algo comúnmente malinterpretado por sus críticos que lo consideran como la encarnación misma del corporativismo, atribuyéndole la intención de fragmentar y despolitizar la población. Para eso hubiera bastado con las reformas económicas. Apuntaba a generar precisamente la contrario: a impulsar la politización generalizada, la intervención activa de todos en el manejo de las organizaciones a las que pertenecen y en las distintas instancias gubernamentales del país, al efectivo ejercicio cívico en los niveles micro y macro político.

Carlos Franco y Carlos Delgado lo han resaltado repetidamente hablándonos de la necesidad de dar un carácter multidimensional y abarcativo a la participación popular.

Velasco-Alvarado-

¿Antes de Sinamos hubo un experimento llamado Comité de Defensa de la Revolución?

En lugar del Sinamos, podría argüirse que hubiera sido mejor dejar simplemente expandirse a los Comité de Defensa de la Revolución que surgió durante un tiempo. Pero estos se limitaron a operar como grupos de presión a los organismos públicos y control a las actividades políticas de la gente, no desarrollaron la capacidad de autogobierno.

Además en los pocos estudios realizados sobre ellos se vislumbra su disposición a subordinarse a políticos y oportunistas profesionales, manteniendo la tradicional diferenciación entre elites dirigentes y masa dirigida.

¿Se pensó en algún momento crear un partido político en lugar del Sinamos?

A fin de evitar perennizar la escisión entre dirigentes y dirigidos, según Carlos Delgado, se rechazaron otras dos opciones: Establecer un partido oficial o valerse de uno o más de los partidos existentes. Se prefirió constituirse una agencia estatal transitoria desguarnecida de condiciones que posibilitase implantar su propio dominio, la cual debía impulsar la formación de una vasta red de organizaciones populares autónomas, informar a sus componentes del modelo de sociedad participatoria buscada por el gobierno, servir a la transferencia de poder a las bases. Así, se trataba de compatibilizar un mínimo de orientación política oficial inicial con la espontaneidad creadora del pueblo.

¿Todo lo que creó Sinamos fue nuevo o uso también a organismos que ya existían?

El Sinamos se constituyó juntando ocho organismos dedicados a la promoción social, provenientes de diversos sectores de la administración pública, y salvo uno, creación de regímenes anteriores; afirma Carlos Delgado, no estaban orientados a transformar el sistema económico- político imperante, sino solamente a remozarlo. Realmente cuatro ya estaban, en diverso grado, modificando su actuación: la Dirección de Promoción y Difusión de la Reforma Agraria, formado por el gobierno de Velasco, como dependencia del Ministerio de Agricultura, para reforzar la aplicación de la nueva reforma agraria, la Oficina Nacional de Desarrollo Cooperativo- ONDECOOP, que había sido reorganizada por los militares poco después de haber dado el golpe de estado; la Dirección de Comunidades Campesinas que, como vimos, gracias a la iniciativa de su personal trabajaba activamente por organizar a los comuneros campesinos y nativos; finalmente, en muchísima menor medida, la ONDC, donde apenas se comenzaba a cuestionar la validez la concepción tradicional del desarrollo del campo.

Con todo, aun en el mejor de estos casos se operaba con una visión restringida tanto del cambio a realizarse como de la población a involucrarse.

¿Quiere decir que estos organismos fueron repotenciados a los objetivos de la Revolución?

Claro, Sinamos amplía los alcances a ambos respectos, plantea que debe ayudar a culminar la movilización social iniciada con las diversas reformas emprendidas, entendiendo por movilización social la transformación de la estructura de poder de la sociedad. Textualmente, Carlos Delgado define la movilización social como: “el gradual ascenso de las clases y grupos sociales explotados y maginados hacia el poder”.

¿Cómo se produjo la llegada de estos objetivos a las organizaciones de base?

Para servir a la concepción amplia de movilización adoptada, Sinamos asumió cinco líneas respecto a las organizaciones populares: Capacitación, difusión, apoyo infraestructural, apoyo financiero y apoyo jurídico administrativo, los cuáles se dirigían a toda la población, priorizando los sectores populares, mediante seis áreas operativas: organizaciones juveniles, organizaciones de pueblos jóvenes y zonas de subdesarrollo urbano interno, organizaciones económicas de interés social, organizaciones rurales y organizaciones culturales profesionales.

Carlos Delgado ofrece tres anotaciones sobre cómo se planteó el apoyo a la movilización social. Primero, el Sinamos no debía introducirse la organizaciones populares ni intervenir en sus decisiones, debía limitarse a brindarle desde fuera la asesoría y respaldo que solicitasen.

Segundo, en materia de capacitación formaba a su propio personal en la concepción participacionista para que la difundiesen, dando además a esta el entrenamiento económico administrativo y técnico que necesitase según los casos.

Tercero, desarrollar el enfoque de “planificación de base” o “planificación participante”, según el cual el plan de desarrollo nacional no obedezca más a criterio centralistas y propuestas de ténicos, sino sean realizados con los planteamientos e intervenciones de la población. Con este objetivo se constituyeron las Unidades de Planificación de Base (UPB), a partir de 1974.

Cómo define la acción de las Unidades de Planificación de Base?

Carlos Delgado define las UPB como espacios económicos y sociales dentro de las cuales operan las organizaciones surgidas como resultado de los cambios estructurales de la revolución. Se trata en consecuencia de ámbitos con problemáticas comunes de conjunto, que se constituyen en unidades de planificación local y que luego se articulan a nivel zonal a través de la planificación del desarrollo integral del área que comprende cada una de las oficinas zonales del Sinamos”.

¿Respecto al mando del Sinamos, quienes integraban esta estructura?

La Oficina Nacional del Sinamos cumplía funciones técnico normativas, diseñando los lineamientos generales de política que orientasen las acciones de las demás instancias.

Entre los organismos de la Oficina Nacional, dos son particularmente importantes: la Dirección General de Organizaciones Económicas de Interés Social, encargada de promover el desarrollo de las cooperativas, Sociedades Agrícolas de Interés Social- SAIS y en general todas las entidades de propiedad social; y la Dirección General de Organizaciones Rurales, dedicada promover el desarrollo y la organización del campesinado, los grupos étnicos de la selva y demás pobladores rurales. Esta se formó en base a la Dirección de Comunidades Campesinas recibida del Ministerio de Agricultura, prosiguiendo con mayores alcances la labor ahí desarrollada. Jugó papel importante en la formación de la Confederación Nacional Campesina-CNA y fue perfeccionando el tratamiento que debía darse a las comunidades campesinas, entre otras cosas precisó la idea y metodología dela reestructuración comunal y elaboró la concepción de empresa comunal.

Después de la recuperación de ‘La Brea’ y ‘Pariñas’, el gobierno de Velasco inició una ola de expropiaciones de recursos mineros y estratégicos

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Por: Víctor Alvarado 

La expropiación de La Brea y Pariñas, el 09 de junio de 1968, a solo seis días de haber irrumpido como gobierno militar, sería el comienzo de una ola de expropiaciones de los recursos estratégicos, como eran considerados por el nuevo gobierno de Juan Velasco las riquezas mineras, energéticas, las redes ferroviarias, puertos y aeropuertos, porque hubiera bastado que una de las empresas privadas que las administraban se pusiera en rebeldía para que el sistema de vasos comunicantes entre las empresas objeto de estas medidas, seguramente se hubiesen paralizado.

Así por ejemplo, los medios de comunicación masiva en manos privadas no aceptaron una sola de las reformas o expropiaciones y estaban embarcados en una campaña de desestabilización, actitud que fue determinante para la decisión del gobierno de expropiarlos, y esto ocurrió el 27 de julio de 1974, con los diarios El Comercio, La Prensa, Correo, Ojo y Última Hora.

En realidad esta medida se veía venir porque cuatro años antes, en junio de 1970 el gobierno militar nacionalizó el Banco Popular del Perú y por carambola todas sus empresas subsidiarias, entre ellas las acciones del diario La Crónica y su vespertino La Tercera, los que fueron puestos bajo el control de Editora Perú (la que ya controlaba el diario oficial El Peruano).

Antesala

La Crónica, con Guillermo Thorndike en la dirección (1974 – 1975), mantuvo su estilo informativo, y se convirtió en vocero de las posiciones y las proyecciones gubernamentales. El diario pasó a llamarse La Nueva Crónica, enriqueciéndose con dos suplementos: Variedades y Mundial. Al mismo tiempo, se publicó una edición en quechua que circuló por seis meses, siendo el redactor Ángel Avendaño.

Los críticos de Velasco expresaron su asombro porque la expropiación masiva de los diarios fuera dispuesta dos días antes de la visita del Raúl Castro, entonces el segundo hombre de la revolución cubana.

Para explicarlo, mencionaron un supuesto mensaje de Fidel Castro, con motivo del desfile militar del 29 de julio de 1974, donde le habría dicho: “No hay revolución con prensa dependiente”, según el periodista Bernardino Rodríguez, autor de una crónica sobre el tema.

Como era de esperarse la estatización de los medios fue objeto de una dura campaña internacional, orquestada por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). La nueva prensa intervenida por el gobierno fue asignada a los llamados sectores sociales de la economía. Así por ejemplo El Comercio pasó a pertenecer a las organizaciones campesinas, La Prensa a las nacientes comunidades industriales, Correo y Ojo, a las instituciones cooperativas, entre otros.

Al llegar al poder Alberto Fujimori dispuso el cierre definitivo de La Nueva Crónica, el 22 de diciembre de 1990 y entregó su valioso archivo al diario oficial El Peruano, iniciándose un proceso de reversión y retorno de los medios estatizados a sus antiguos dueños.

Se inicia la ola

Seguramente, pensando en la necesidad de que las reformas o expropiaciones fueran favorecidas por el capital financiero, los militares, meses antes de la nacionalización del Banco Popular, decretaron el 31 de diciembre de 1968 una forma de intervención de los bancos mediante el Decreto Ley 17330, por la que se obligaba al capital accionario de las entidades bancarias en el territorio de la República a pertenecer a personas naturales o jurídicas nacionales.

En la práctica, no hubo ninguna confiscación, excepto el Banco Popular, solo la imposición de que sus capitales privados sean enteramente nacionales. A ese dispositivo se añadió el Decreto Ley 22228 del 06 de julio de 1978, en el gobierno de la II Fase que presidió Francisco Morales Bermúdez, por el cual se autoriza la creación de bancos regentados por cooperativas bancarias, que no tuvo ninguna realización concreta.

La antesala de la ola de expropiaciones mineras fue sin duda la promulgación en 1970 de la Ley General de Minería y en 1971 la ley de ampliación de la misma, por las cuales el Estado creó Minero Perú y Minero Perú Comercial, y asumió el rol de conducir la exploración, explotación y comercialización minera. La comunidad minera, creada por estas leyes, y los trabajadores mineros pasaron a ser beneficiarios de un porcentaje de las utilidades de las empresas.

Las dos Cerro

Luego de haberse dotado de un marco legal, el gobierno de Velasco dispuso la expropiación de la mina Cerro Verde, un complejo ubicado en el distrito de Uchumayo (Arequipa), de propiedad de la empresa norteamericana Anaconda, expropiada en 1970, que tenía una producción de 174 mil toneladas. El gobierno de Fujimori, tal como ocurrió con todas las expropiaciones, la transfirió a la empresa Cyppor Amx, la que ocho años después aumentó la producción al 350% con una reducción de costos del 40%.

Luego seguiría en 1974 la expropiación de la mina emblemática de la inversión privada norteamericana, la Cerro de Pasco Corporation, mediante el decreto ley 20492. La Cerro era un conglomerado de cinco minas: Morococha, San Cristóbal, Casapalca, Cobriza y la Cerro, además de la refinería de La Oroya, creada sobre la base de la antigua Fundición Smeltzer.

Se puede decir que la empresa norteamericana dio el pretexto para la intervención gubernamental al emprender meses antes el retiro de sus equipos más valiosos y frenar sus planes de reinversión, observándose una notable reducción de las labores en todas las minas.

La empresa, por lo demás, no se sentía cómoda con el naciente nuevo régimen social y económico como lo expresa el hecho de haberle ofertado al gobierno, el 6 de enero de 1972, la venta del complejo minero, que el régimen aceptó y para hacerlo efectivo nombró una comisión para evaluar y negociar la propuesta.

Según el decreto ley que la intervino, además de lo antedicho, “la empresa ha incumplido sistemáticamente sus obligaciones de vivienda, seguridad e higiene; así como serias deficiencias en hospitales, escuelas y saneamiento y no haber ejecutado en la refinería proyectos específicos para evitar la contaminación ambiental”. Luego de declarar de necesidad nacional e interés social la expropiación del negocio minero, creó la empresa minera estatal Empresa Minera del Centro-Centromín Perú, para asumir la conducción de este complejo minero.

El final de este conglomerado es historia conocida, el gobierno de Fujimori las recuperó para entregarlas al sector privado, pero lo hizo de manera parcelada, es decir cada mina, incluida la refinería los transfirió a dueños diferentes.

Marcona

El 24 de julio de 1975 le tocaría el turno a la empresa norteamericana Marcona, una de las grandes minas de cielo abierto, mediante el decreto ley 21228, cuyos propietarios eran The Utah Construction Co. y MarconaMining Co.

Al igual que en el caso anterior, la intervención tuvo como pretexto la comisión de una serie de infracciones que generaron la intervención, como: “no establecer la reserva temporal, ni la reserva intangible, no haber renovado equipos, ni efectuado mantenimiento, esconder utilidades, eludir el pago de impuestos, regalías y la participación de la comunidad minera”. Y para conducirla, el gobierno creó la empresa Hierro Perú.

Los interventores descubrieron que la Marcona llevaba doble contabilidad y la mina se había convertido en un hervidero de lucha sindical, a causa de lo cual los trabajadores consiguieron significativos beneficios como sueldos que les permitían pagar los estudios de sus hijos fuera de Marcona, en tanto tenían vivienda y todos los servicios gratis, lo que fue mantenido por la nueva administración estatal.

La estatización se mantuvo durante el gobierno de Alan García (1985- 1990), pero la hizo objeto de una serie de maniobras clientelistas, como la de inflar su planilla con sucesivos ingresos de más trabajadores que la empresa no requería, hasta engrosarla con 3,500 trabajadores, poniendo la empresa al borde de la bancarrota.

El gobierno de Fujimori la privatizó en 1992 y la transfirió a la Corporación china Shougang, la que como primera medida dispuso una reducción de 1,200 trabajadores, los mismos que luego volvieron a ser empleados con un salario de S/. 14 diarios, equivalente a menos del 30% que ganaban anteriormente. Posteriormente, el gobierno de Toledo ratificó la concesión de manera indefinida. A la fecha, el 70% de los trabajadores que laboran en la exHierro Perú lo hace de manera tercerizada, es decir por medio de contratistas, lo que la ha convertido en fuente permanente de conflictos.

Tintaya

Distinta suerte tuvo la mina Toquepala, de propiedad de la Southern, que también se encuentra en el sur y podría haber corrido la misma suerte de Marcona, pero como el gobierno de Velasco lo aclaró, era una empresa eficiente y transparente y se había ganado el derecho de seguir funcionando como tal. A Toquepala se añadió después su hermana Cuajone.

Un caso especial lo constituye el caso de la mina Tintaya, ubicada en la provincia de Espinzar (Cusco), en la cual el Estado se inauguró como inversionista en 1971 al obtener Minero Perú derechos para la explotación, pero recién en 1985 inició sus operaciones durante el primer gobierno de Alan García. El ensayo tendría corta vida porque fue privatizada por el gobierno de Fujimori en 1994, al ser transferida a Magma Cooper Co. y ésta en 1996 cedió la posta a la empresa BHP. Más adelante BHP se fusionó con Billington- PLCV. Después de una serie de transferencias, la mina terminó en manos de Xstrata Tintaya, operadora del nuevo yacimiento de Las Bambas.

El gobierno militar revolucionario inició una radical reforma agraria que puso fin a la injusticia secular reinante en el campo y expropió 8 millones de has. de tierras

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Por: Víctor Alvarado

El siguiente paso, luego de la institucionalización de una política petrolera que le dio al Perú por primera vez el autoabastecimiento petrolero, siguió una radical reforma agraria, promulgada por el propio general Juan Velasco Alvarado el 24 de junio de 1969, una reforma que quebró el espinazo de una estructura agraria semifeudal conformada por hacendados, en particular en la sierra, que se quedaron social y políticamente en el siglo XVIII y resultaron ser avis raris en un mundo de acelerada industrialización, ante el cual eran una rémora, un atraso y un estorbo.

En su discurso de promulgación de la trascendental ley, mientras proclamaba que “al hombre de la tierra ahora le podemos decir en la voz inmortal y libertaria de Túpac Amaru: Campesinos, el patrón ya no comerá más de tu pobreza”, en ese mismo momento, decenas de convoyes militares hacían su ingreso en los complejos agroindustriales de la costa, entonces haciendas azucareras, cuyos propietarios eran conocidos como los “barones del azúcar”, para ejecutar el inicio de la reforma agraria.

En ese día, también, Velasco canceló la celebración del Día del Indio, que encerraba una vituperación ofensiva al Perú Profundo, dueño de una civilización escarnecida por los conquistadores españoles, e instituyó en su reemplazo, en adelante, el Día del Campesino; al igual como lo haría con la denominación de “barriadas”, que aludía a los cinturones de miserias formadas en las ciudades de la costa, principalmente en Lima, producto de una intensa migración campesina iniciada en la década del 50, que en adelante pasaron a llamarse “Pueblos Jóvenes”.

Medias tintas

En realidad, la reforma agraria puesta en marcha por Velasco, no fue una novedad porque hubo varias reformas agrarias anteriores, pero todas de medias tintas, como los fueron las la Junta Militar de Nicolás Lindley (1962- 1963) que emitió una Ley de Bases de la Reforma Agraria; y de Fernando Belaúnde Terry (1963- 1968), que llegó al poder prometiéndola y dictó finalmente en 1964, la Ley de Reforma Agraria 15240, que salió mediatizada porque tuvo que negociarla en el Congreso con la alianza conservadora Apra-Unión Nacional Odriísta.

En el país, en realidad, había un consenso nacional para realizar una reforma agraria, por varias contundentes razones, una de ellas era el fantasma de la Revolución Cubana que había hecho su ingreso triunfal en La Habana el 1º de enero de 1959 y para conjurarla en los países de la región, el presidente de los EEUU. John Kennedy, consiguió en la reunión de la OEA en Punta del Este (Uruguay), en 1961, la aprobación de un acuerdo para implementarla, con la adhesión del gobierno de FBT.

Otra sólida razón era la constatación hecha por los economistas de que los países modernos habían ingresado a una era de industrialización y que su introducción en el Perú dependía del crecimiento del mercado interno y que este crecimiento no era posible mientras las poblaciones rurales permanecieran marginadas de los nuevos mercados, y para que esas poblaciones participen se requería darles una capacidad de consumo que la estructura agraria semifeudal no les podía dar y para que esto ocurra tenía que ser transformada.

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Beneficiados

Otra poderosa razón era que por las injusticias y abusos a que estaban sometidos las poblaciones campesinas, en particular andinas, se había producido un proceso insurreccional a lo largo y ancho del campo, caracterizado por una indetenible ola de tomas de haciendas, que incluyeron en la provincia de La Convención (Cusco), la expulsión de las hacendados de sus fundos, seguida de una parcelación de tierras ejecutada por arrendires y allegados (colonos), en sujeción de la prédica de líderes campesinos, entre ellos Hugo Blanco Galdós.

Ensayistas nacionales y extranjeros coinciden en sustentar que gracias a la reforma agraria de Velasco, el fenómeno subversivo de Sendero Luminoso, que se desató en las andes peruanos en la década del 80, no prendió en esta región, porque insurgió en una región de campesinos asimilados a nuevos formas justas de propiedad que los han convertido en dueños de su propio destino. De no haberse producido la reversión de la propiedad semifeudal, seguramente que habríamos asistido a un incendio senderista generalizado del país.

Universo asociativo

Velasco dio pues una puntada con hilo al liberar a las fuerzas sociales y políticas reprimidas del campo con un proceso de expropiaciones de más de 8 millones de hectáreas, incluidos los bienes de capital y los ganados, que beneficiaron directamente a 375,000 campesinos y si se tiene en cuenta que cada uno es una familia de cinco personas, los beneficiados pasaron de los 8 millones de peruanos.

Los liberados del campo accedieron en adelante a la propiedad rural, pero es bueno aclarar como lo han hecho un sinnúmero de estudiosos de este proceso, que a diferencia de las reformas agrarias de otros países, la mayoría de tierras expropiadas no fueron distribuidas a familias individuales, sino a empresas asociativas denominadas Sociedades Agrícolas de Interés Social (SAIS), conformadas por los trabajadores las haciendas expropiadas y las comunidades campesinas colindantes, así como a novísimas cooperativas agrarias de producción.

A estos beneficiados con tierras se sumaron nuevas asociaciones de campesinos sin tierras, constituidas especialmente con este propósito y nuevas comunidades campesina, y también, en una porción muy menor, campesinos a título individual.

El gobierno militar revolucionario, al hacer entrega de la mayoría de tierras a un universo de entidades asociativas, lo hizo en respeto y reconocimiento de la tradición comunitaria milenaria existente principalmente en el mundo andino, que se mantiene inalterable, aunque acosada por penetraciones y ofensivas de índole privatista, todas hasta el momento mantenidas a raya y derrotadas.

Embates

La reforma agraria radical puesta en marcha por Velasco resolvió dinamizar los mercados interno e internacional a través de la creación de un sinnúmero de empresas estatales que canalizarían las producciones no solo agrícolas y ganaderas, sino también pesqueras, incluidos entes financieros para incentivar las producciones y reinversiones.

Estas fueron: La Empresa Nacional de Comercialización de Arroz- ECASA; Empresa Nacional de Comercialización de Insumos- ENCI; Empresa Pública de Servicios Agropecuarios- EPSA; Empresa Nacional del Tabaco- ENATA; Empresa Nacional de Comercialización de Harina y Aceite de Pescado- EPCHAP, Inca Lana y Alpaca Perú para la comercialización de la lana y la fibra de alpaca, los Bancos Agrario, Industrial y Minero, entre otros.

Pero no todo fue color de rosa, la reforma agraria enfrentó embates desde la derecha y la ultraizquierda. La primera le hizo olas acusándola de comunista y pro cubana; y la segunda de no llenar las aspiraciones de los campesinos, como lo sostenía Andrés Luna Vargas, líder de la languideciente. Confederación Campesina del Perú- CCP, que reclamaba que la tierra no debía ser expropiada, sino confiscada.

Reversión

El derrocamiento del gobierno militar revolucionario del 29 de agosto de 1975, a solo seis años de haberse iniciado el proceso de reforma agraria, desencadenó el desmontamiento de las principales reformas de su gobierno, y en el caso de la reforma agraria esta fue objeto de un proceso de mediatizaciones para frustrarla y revertirla.

Lo que fue conseguido en el caso de las ex cooperativas azucareras, al privarlas de asistencia financiera y aplicarles una estocada fatal, durante el gobierno de Morales Bermúdez, de obligarlas a vender su azúcar al precio de un sol menos que el mercado internacional, lo que generó sus quiebras en cadena.

Posteriormente, el gobierno de Fujimori aceleró esta reversión al convertirlas en sociedades anónimas y facilitar el ingreso del capital privado, el cual en este momentos está enredado en conflictos interminables como sucede en las ex cooperativas de Tumán, Pomalca, Pucala y Cayalti, en la región Lambayeque.

¿Confiscación o expropiación? hablan dos protagonistas:

El ex jefe de la Dirección General de Reforma Agraria del Gobierno de Velasco, David Samanez Concha, ha refutado una serie de falsedades esgrimidas por los enemigos de este proceso, al recordar que en el caso de las cooperativas azucareras, luego de la expulsión de los “barones del azúcar” , sus producciones superaron los antiguos records de los ex dueños, al producir hasta 900 mil toneladas anuales, nunca antes obtenido.

Por su parte, el ex presidente del Tribunal Agrario en esa época, Guillermo Figallo, ha sido claro igualmente en rebatir la acusación de los ex hacendados de que hubo confiscación de tierras, al señalar que hubo expropiación y que los bonos por el valor de las tierras se pagaron a los que acreditaron la titularidad de las tierras, como por ejemplo el banquero Dionisio Romero, que invirtió los bonos obtenidos por sus tierras, en crear una moderna industrial textil.

Ambos coincidieron en advertir que “Se trató de favorecer la colocación de los bonos en inversiones industriales, como lo hicieron Romero y otros. Los que no los retiraron fue porque no tenían sus títulos o tenían deudas con el Estado”, dijeron.

Nacionalización de La Brea y Pariñas fue el punto de partida de una nueva política petrolera

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Vleasco-Alvarado

Por: Víctor Alvarado

La recuperación del yacimiento petrolífero de La Brea y Pariñas, incluida la refinería de Talara y el sistema de comercialización, que Belaunde había excluido en su Acta de Talara del 13 de agosto de 1968, solo sería el primer peldaño de una estrategia que llevaría al Perú por primera vez en su historia a edificar una nueva política petrolera, basada en el control pleno de la producción de hidrocarburos, léase las etapas de exploración, explotación y comercialización y a ser autosuficientes en abastecimiento petrolero.

En aplicación de una nueva política petrolera, el gobierno militar creó Petroperú, construyó el oleoducto norperuano, modernizó la refinería estatal La Pampilla, creó igualmente la empresa Transoceánica de barcos cargueros de petróleo, la envasadora de gas, Solgas; y abrió nuevos lotes petroleros, la mayoría localizados en la selva peruana.

La Empresa Petrolera Fiscal- EPF, heredada del gobierno anterior era insuficiente y en su reemplazo, Velasco creó el 24 de julio de 1969 la empresa estatal Petroperú, bajo la jefatura del general EP Marco Fernández- Baca Carrasco, que en adelante pilotearía, con la participación del sector privado, la exploración de nuevos hallazgos de yacimientos en Trompeteros, Capirona, Pavayacu (lotes 67, 39 y 1AB); así como la construcción del oleoducto norperuano para travasijar a la costa la producción petrolera selvática.
Velasco fundóuna política petrolera que aseguró al país el autoabastecimiento de combustibles
Velasco fundóuna política petrolera que aseguró al país el autoabastecimiento de combustibles

La expulsión de la IPC de Talara no produjo el espanto del capital privado internacional, porque la mayoría de empresas que juegan con reglas claras, eran conscientes de que la IPC era una empresa deshonesta que pagaba los impuestos que les daba la gana y no los que correspondía de acuerdo a ley, los que ascendieron a más de US$ 690 millones, según peritajes, dejados de pagar en un lapso de 50 años.

Por esta razón se explica que el contrato petrolero conocido como “modelo peruano” lanzado por Velasco, en reemplazo de los contratos entreguistas de los gobiernos anteriores, cayeron sobre terreno fértil. Los capitales privados internacionales llegaron, convocados por este modelo de contrato, e invirtieron en la exploración y explotación petroleras.

En virtud del contrato “modelo peruano”, las empresas petroleras extranjeras asumían el compromiso de realizar por su cuenta y riesgo los programas de exploración. En caso de hallazgo exitoso, el petróleo era dividido en dos partes iguales (fifty- fifty) entre el contratante y Petroperú, cada uno de los cuales lo refinaba y comercializaba por cuenta propia.

En el lapso del gobierno de Velasco, Petroperú estuvo a la vanguardia de la exploración petrolera, pero luego del derrocamiento de Velasco por Morales Bermúdez el 29 de agosto de 1975, se inició un proceso de reversión de sus logros.

Los gobiernos subsiguientes derogaron el contrato “modelo peruano” y lo reemplazaron por otro que reconoce al Estado solo el derecho del suelo y a la empresa privada concesionaria, la propiedad del subsuelo y de las riquezas que aquí se albergan.

Según estimaciones conservadores, las empresas privadas entregan al Estado, entre IR y canon, el equivalente al 12% de sus producciones, lo que no sucede en Bolivia y Ecuador donde esos aportes al Estado dueño de los recursos naturales superan el 50%.

Chile, el campeón de las privatizaciones en América Latina, nunca privatizó la minera del cobre nacionalizada por Allende, gracias a lo cual percibe de la minería estatal, el 52% de sus producciones, lo que explica su prosperidad y agresividad militar contra sus vecinos. Huelgan más comentarios.

Los términos del “contrato modelo peruano” han sido reivindicado por los gobiernos del presidente de Bolivia, Evo Morales, y de Ecuador, Rafael Correa, en particular el primero donde las empresas privadas hidrocarburíferas y mineras entregan al Estado más del 60% de sus producciones, lo que explica que Bolivia, en el 2014 haya sido el país de mayor crecimiento en América Latina.

Mención especial merece el emprendimiento del gobierno militar revolucionario de traer a la costa la producción petrolera selvática a través de oleoducto norperuano, considerada como la obra de mayor envergadura realizada en el Perú en los últimos 100 años.

El oleoducto fue concluido en 1974, luego de que se realizara el tendido de tubos, con una capacidad de 100 mil barriles por hora y un recorrido de 1,100 kms.

El tendido se inicia en San José de Saramuro hasta Borja, donde empieza el Ramal Norte que recorre Morona hasta llegar a Andoas, en el extremo nororiental, para recoger la producción de la empresa Oxi, que se instaló en 1972.

Desde Borja, el oleoducto se dirige a Kazu Grande (distrito de Manseriche) y de aquí hasta Bayovar, en la costa de Piura.

Los gobiernos privatistas, en particular el de Fujimori, no solo derogaron el contrato modelo peruano, sino además limitaron las funciones de Petroperú, prohibiéndole la exploración y explotación petroleras, transfirieron al capital privado sus campos de producción de la costa y selva, pusieron a la venta los 83 grifos que en el pasado pertenecieron a la IPC y se hallaban en manos de Petroperú.

También fueron rematadas la empresa Transoceánica de transporte de crudos de petróleo (ahora manejada por capital chileno), la refinería La Pampilla, la más grande refinería peruana, que construyó el gobierno de Belaunde a través de la Empresa Petrolera Fiscal y heredó el gobierno militar y la empresa envasadora de gas Sol Gas, que creó Petroperú.

La Pampilla, merece una mención especial, porque significó uno de los más importantes eslabones de la exitosa política petrolera del gobierno militar revolucionario, pues en 1976 de una producción de 30 mil barriles de petróleo diarios (bpd) pasó a 120 mil/bpd. Un record nunca más igualado.

El gobierno de Fujimori remató en 1996 el 60% de las acciones de La Pampilla en US$180 millones, incluido US$ 38 millones en papeles de la deuda externa, en momentos que generaba ingresos anuales de US$ 657 millones anuales. Según el economista Jorge Manco Zaconetti su valorización real era de US 460 millones y por su alta rentabilidad no podía ser vendida por menos de US 800 o US 1.000 millones.

Gracias a las movilizaciones populares se salvaron de ser privatizadas las restantes refinerías de Talara, Conchán, de Iquitos y El Milagro, legadas por el gobierno militar gracias a las cuáles es posible garantizar el abastecimiento de combustibles que requiere el país.

Pedro Pablo Kuczynski

El plan del gobierno militar revolucionario de recuperar el petróleo para los peruanos estuvo preñado de dificultades creadas por los agentes del BM y FMI instalados en el MEF por el gobierno de Belaunde, particularmente en el BCR, donde los seis gerentes, presididos por el fallecido Carlos Rodríguez –Pastor M. , todos, según insistían en Palacio de Gobierno entonces, contrarios al gobierno revolucionario de las FF.AA.

Uno de ellos en particular, el economista Pedro Pablo Kuzcysnki, conocido como “PPK”, nacido en el Perú, formado en los institutos financieros de los Estados Unidos, y nacionalizado norteamericano, condición que aún la posee, no dudó en sustraer, según las investigaciones realizadas por el velasquismo, un cheque de utilidades de la IPC por US$ 17 millones, equivalente al cambio actual a US$ 105 millones, que habían sido retenidas por el gobierno para cobrarse los adeudos tributarios impagos de la IPC, que ascendían a US$ 690 millones, y procedió a entregárselo a sus ocasiones patrones norteamericanos.

Este latrocinio fue puesto al descubierto en la investigación que puso en marcha el gobierno de Velasco para esclarecer el entuerto de la desaparición de la página 11 del desaforado contrato belaundista con la IPC, luego de los cual el funcionario pasó a la clandestinidad, en medio de un escándalo que dio lugar al cese de todos los gerentes del BCR y de un operativo para capturarlo.

El fugitivo se trasladó hasta Piura, se alojó en el fundo Angostura, en Tambo Grande, de su amigo Carlos Shaeffer Seminario, quién pretendió inicialmente sacarlo con destino a Ecuador a bordo de su avioneta particular, lo cual se frustró por el operativo policial-militar en marcha para ubicarlo y capturarlo, lo que lo obligó a evacuarlo al país vecino ocultó en la maletera de un auto particular, de donde se dirigió a EEUU.

El gobierno militar optó en castigo por haber cometido un acto de traición a la Patria, por suspenderle la nacionalidad peruana. PPK, en respuesta, luego de ser premiado sucesivamente por el gobierno norteamericano, como uno de los jefes del Banco Mundial, presidente del First Boston International, presidente del Halco Minning inc, entre otros relucientes cargos, adoptó la nacionalidad norteamericana.

La Revolución del 03 de octubre de 1968 y las guerrillas de 1965

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Por: Víctor Alvarado 

El golpe de estado del 03 de octubre de 1968 que dirigió el general Juan Velasco Alvarado y depuso al gobierno democrático de Fernando Belaunde Terry, no fue un golpe de estado más como sus críticos de todas las raleas políticas lo motejan, sino una ruptura con un pasado semifeudal, con una economía dependiente y atada a las corporaciones norteamericanas y una estructura social muy atrasada, donde en el campo los hacendados disponían hasta la vida de los campesinos, y los campesinos y obreros protagonizaban duras confrontaciones con los gobiernos de turno para salir de sus estados de postración y expoliación.

Al igual que mayoría de movimientos populares del continente, en esa época, las vanguardias políticas de los campesinos y obreros se mostraban dispuestos a reeditar en el país una versión de la revolución cubana de Fidel Castro, entonces dominante en el espectro político latinoamericano, y que estaría en el substrato de los fallidos brotes guerrilleros registrados en pleno primer gobierno de Fernando Belaunde Terry.

Velasco y el grupo de militares que irrumpirían en el escenario político ese 3 de octubre de 1968, por obligación constitucional y mandato de los gobiernos de turno, tuvieron que actuar como instrumentos de represión de las protestas sociales obreras y campesinas, en particular de la insurgencia guerrillera que lideraron Luis de la Puente Uceda, al frente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y Héctor Béjar Rivera, del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Transmutación

La intentona guerrillera fue aplastada inmisericordemente, porque la consigna militar, obediente del gobierno de turno, fue no capturar prisioneros, sino abatirlos a todos, con fusilamientos por medio como ocurrió con De la Puente, e incluso el empleo de bombas napalm que desaparecieron los enclaves aparentemente inexpugnables de los guerrilleros, con el aval del gobierno de turno.

Pero, lo que no previeron los gobernantes de turno, es que esa práctica represiva antipopular y antiguerrillera fue un laboratorio de aprendizaje y de toma de conciencia política y social para los militares que se convertirían en revolucionarios, porque no se trataba de “cachacos” de tomo y lomo, sino de seres humanos privilegiados por una elevada sensibilidad social y creciente formación política y social.

Más de un científico social ha reconocido esta transmutación en el que los vencedores de la contienda hicieron suyos las ideas de los vencidos, de los que murieron durante la ofensiva militar, en reconocimiento de que se trataban de ideas justas.

Insurgencia

En “situ”, los futuros oficiales revolucionarios descubrieron que habían estado eliminando no a “delincuentes terroristas”, sino a luchadores sociales y políticos, que habían elegido el camino de las armas, porque los otros caminos para los cambios por la vía pacífica, estaban cerrados.

Es entonces que los militares insurgentes decidieron volver sus armas contra los verdaderos responsables del cuadro de injusticia social que imperaba en el campo y ande peruanos, e iniciaron un proceso de insurgencia política, que lamentablemente ninguno de ellos alcanzó en vida a narrar sucintamente o testimoniar sobre sus detalles.

Velasco, según es posible advertir en su biografía, ese 1965 año de la explosión guerrillera se desempeñaba como agregado militar en París, donde se bañó intelectualmente en las ideas revolucionarios que preñaban esta nación, por lo que no habría estado en primera fila en el combate contra las guerrillas.

“Eran peruanos”

Algunos investigadores insisten en sostener lo contrario, que se desempeñaba en el teatro de operaciones como jefe del servicio de inteligencia del ejército, con el grado de mayor, lo que parece que fue cierto pero en años anteriores.

Excepto, los documentos oficiales que el Ejército emitió en esa época sobre el final de las acciones guerrilleras, no hay una historia, hecha por los vencedores, sobre el desarrollo de las acciones, excepto la difusión de que la jefatura de las misiones antiguerrilleras descansó sobre los hombre del coronel EP Alejandro Sierralta Morote, sobre el cual no hay una sola semblanza de su perfomance, ni menos él dejó memoria alguna que repase esa perfomance.

De ese trance histórico, solo se conoce una entrevista hecha por el entonces jefe de prensa de Palacio de Gobierno, Augusto Zimmermann Zavala a Velasco, en la que el jefe de a revolución reconoció que los guerrilleros eran “idealistas y peruanos”, y que los sucesos de 1965 “fue una guerra entre peruanos”, lo cual dijo textualmente: “nos hizo pensar que debíamos llegar a soluciones de fondo, porque el peligro era la división interna (…).

El gobierno militar revolucionario, consecuente con su aprehensión histórica del mensaje de los guerrilleros vencidos, los reivindicó liberándolos de las cárceles y más aún invitándolos a incorporarse en puestos de dirección del proceso de cambios.

Curas revolucionarios

Pero esta transmutación no fue exclusiva de los militares, también lo fue de la Iglesia Católica Peruana, hasta entonces motejada como la “iglesia de los ricos”, la de mayor presencia en la feligresía peruana, pues en ese lapso de los años 60, como resultado de la influencia del Concilio Vaticano II, los curas peruanos desarrollaron un proceso de acercamiento a las organizaciones populares de base, léase a los trabajadores y sindicatos y se convirtieron en catalizadores de las luchas sociales.

Este proceso, sin duda, fue facilitado por la creación de la llamada Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS), creada por la jerarquía católica liderada por el cardenal Juan Lándazuri y que tuvo como primer director al sacerdote Luis Bambarén, de hondo protagonismo en la Iglesia Católica.

También por la Oficina Nacional de Información Social (ONIS), institución formada por sacerdotes y religiosos de una variopinta de congregaciones de orientación progresista, que tuvo entre sus principales animadores a Romeo Luna Victoria S.J., los diocesanos Gustavo Gutiérrez (fundador de la Teología de la Liberación), Julián Salvador, Tadeo Fuertes, Ricardo Antoncich S.J., Wenceslao Calderón, Alejandro Cussianovich y al obispo José Dammert Bellido, entre otros.

Un mismo proceso

Los curas, puede decirse, desarrollaron, sin haberse puesto de acuerdo, el mismo proceso de los “militares revolucionarios” peruanos y al producirse el golpe insurreccional del 03 de octubre de 1968, ambos formaron parte de un mismo movimiento, con algunos aislados desencuentros, como el protagonizado por el entonces ministro del Interior, Armando Artola (que no era del ala revolucionaria militar, sino de la derechista), quién en el colmo de la intolerancia mandó preso a Luis Bambarén, uno de los curas progresistas y primer director del CEAS.

Velasco, apenas conoció de este hecho, reprendió a Artola y liberó a Bambarén, y fue más allá, el gobierno impulsó la creación de la primera Comunidad Autogestionario de Villa El Salvador, hoy uno de los distritos más grandes de Lima y donde la impronta velasquista está perennizada con su nombre en calles y plazas.

Detonante

La presencia de Velasco en París habría sido determinante para la gestación del movimiento revolucionario de los militares e igualmente su amistad con notables políticos, como Carlos Delgado Olivera, un ex aprista que se alejó del Apra luego de la convivencia apro-odríista y fue el diseñador del Sinamos que se convirtió en el movilizador de las energías populares orientadas al cambio revolucionario de la sociedad.

El agua que rebalsó el vaso de la paciencia del movimiento militar revolucionario, liderado por Velasco, fue sin duda la renuncia del gobierno de Belaunde Terry de recuperar el yacimiento petrólifero talareño de La Brea y Pariñas, regentado por la transnacional International Petroeum Company – IPC, que lo había prometido en su campaña electoral y había claudicado como quedó en evidencia con el escándalo de la pérdida de la página 11, que fue el detonante del golpe militar del 03 de octubre de 1968.

En la madrugada de 03 de octubre de 1968 , Palacio de Gobierno fue ocupado por los tanques del Ejército, Belaunde sacado de Palacio y expatriado a Argentina. Se iniciaba la revolución peruana.

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