Roberto Chiabra y la Guerra del Cenepa: Llegamos a Tiwinza, y más allá

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17 de Enero del 2015 – 11:43 | Lima –

Líder de las tropas peruanas que pelearon, murieron y vencieron en el Cenepa, el general Roberto Chiabra rememora aquel verano sangriento de 1995 cuando los Ejércitos peruanos y ecuatorianos se enfrentaron en la frontera. ¿Cómo una tradición militar de fin de año descubrió casi por accidente la infiltración a nuestro territorio?

 

“El miércoles 22 de febrero… Ese es el famoso ‘miércoles negro’ del que hablan tanto los ecuatorianos. Mira este recorte, su misma prensa lo dice. ‘Sacrificio en El Maizal’, titulan. Mira cómo informaron… te leo la noticia: ‘Catorce soldados reservistas y un teniente perdieron la vida de forma horrenda, al ser su patrulla sorprendida por una treintena de soldados peruanos infiltrados. A las 10 de la mañana de ese miércoles negro, cuando los ecuatorianos se dieron cuenta, los peruanos estaban a cinco metros. Echaron gases tóxicos, y prácticamente fusilaron con lanzallamas y fuego de obús a los ecuatorianos'”.

El general Roberto Chiabra deja el recorte a un lado. Sostiene en la mano una copia del mapa de campaña del Alto Cenepa. Nos ha citado en un parque de Surco y el sol ilumina esa hoja algo amarillenta donde están señalados diferentes nombres: ‘Base Sur’, ‘Base Norte’. ‘La Montaña’, ‘Coangos’, ‘Ciro Alegría’, ‘El PV1’, ‘El Maizal’, ‘Cueva de los Tayos’, y ‘Tiwinza’. Cada lugar representó una escaramuza, una emboscada. Una bala, un misil, una mina. Sangre, barro, sudor, lluvia, vida y muerte. Esta es la historia de la Guerra del Cenepa, 20 años después, vista desde sus ojos.

“En diciembre, con el relevo de los jefes de batallón, es tradición hacer una patrulla a la zona de responsabilidad y ver cómo está la situación. En esas estaba una patrulla peruana que llega a Cueva de los Tayos y allí se encuentra con otra patrulla. Pero del Ecuador. Hasta allí todo bien, si hasta pasan la Navidad juntos frente a frente, a 20 metros de distancia”.

Chiabra hace una pausa, revisa sus papeles. De forma paralela, la patrulla Roosevelt avanzaba por la selva al mando del teniente William Guzmán Espinoza. La tarde después de Navidad, él y sus 20 hombres hacían un helipuerto en la naciente del río Cenepa sobre la cota 1.325. En ese momento, el general retoma el relato. “Los ‘rocketearon’ a todos. Les tiraron con morteros de 81mm y 120mm. El bombardeo mató al teniente Guzmán y a su operador de comunicaciones -Eduardo Lijisán- mientras el técnico Segundo Minchán atendía las heridas del oficial”.

La epopeya

Muertos los tres, el sargento Soto asume el liderazgo de la patrulla Roosevelt por ser este el apelativo de combate de su oficial. Demoraron 18 días en salir de la selva. Cinco de los 20 murieron. Defendiéndose solo con fusiles del ataque de tropas emboscadas, cohetes y helicópteros. “Trajeron todos los fusiles, también los de nuestros muertos. Lo digo de frente, no hay mejor soldado que nuestro soldado de infantería. El sargento reagrupó a todos y defendieron la posición. Los únicos tres prisioneros de guerra fueron los muchachos de esa patrulla. En Cueva de los Tayos oyen todo el bombardeo y cómo se rompe esa tregua navideña y se traba el combate, con fuego de ametralladoras y granadas. Muere el teniente ecuatoriano Robert Barrera y tres soldados. Los sobrevivientes huyen hacia su base Coangos, seguidos de tres patrullas peruanas.

Coangos y Cóndor Mirador son dos cotas altas. Allí estaban los ecuatorianos. Sabían que para el Perú no iba a ser fácil alcanzar esas posiciones. Para ellos, al contrario, era sencillo atacar el PV1 (Puesto de Vigilancia 1). Yo estaba en Base Sur, que forma un triángulo de bases peruanas. Yo era coronel, director de la Escuela de Infantería, y me dicen que me vaya al PV1. Me sorprendió, porque yo soy blindado, ni siquiera comando, aunque sí era jefe del Comando Operativo del Huallaga; no había ningún general para ir. Llegué a la zona de combate el 6 de febrero, con mis batallones de Tocache, Huánuco, Tingo María, Rioja… Los mejores del Perú. Tienen grandes características. Alta resistencia al esfuerzo físico, al calor, a la lluvia, al hambre, al dolor, a la fatiga de combate, el estrés.

Con ellos nos desplegamos en la cota 1.209, que es el punto más alto del Cenepa que teníamos. Hacia adelante estaban las posiciones ecuatorianas. Todo estaba minado. Habían marcado con un tronco rojo la ‘killing zone’. Un soldado peruano pasaba esa marca y estaba muerto. Sabíamos todo eso porque en el cuerpo del teniente Barrera encontramos dos cartas, uno que marcaba nuestras posiciones, así que ya sabíamos dónde creían que estábamos, y una con sus trochas seguras libres de minas”.

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Marko Jara y la emboscada

Nuevamente el general hace un alto en su narración para que hablemos del comando Marko Jara. Integrante del Batallón de Comandos N.° 19. Después pasar la noche en la cota 1.406, las patrullas del BC 19 avanzaron en conjunto con otras unidades a tomar un enclave que dominaba el cruce del río. “Marko Jara era un comando de raza, había peleado en la guerra interna, y se caracterizaba por ser siempre el que avanzaba a la cabeza de sus hombres. Él se ofrece de nuevo en esta misión, avanzando con un cabo de la 25.° (Batallón Callao). Los recibe un grupo de tiradores emboscados. Eran francotiradores, en realidad; cada uno muere por un disparo directo en la frente. Eran hombres muy valientes.

El 13 de febrero empezamos a bombardear las posiciones enemigas. Estábamos empezando la Batalla de la Montaña, o de la Cota 1.209, si quieren llamarla así. Habíamos traído seis obuses OTO Melara y armamos nuestras baterías de artillería. Esos obuses son enormes y perfectos para la selva. Al día siguiente el presidente Alberto Fujimori anuncia un cese unilateral del fuego, y para el 17 se firma la Declaración de Paz de Itamaraty. Con eso pensábamos que se volvía a la paz. No sabíamos que lo peor recién estaba por venir.

En una oportunidad el presidente Fujimori viene a inspeccionar el teatro de operaciones. La prensa ecuatoriana salió a decir que sus tropas estaban ocupando Cueva de los Tayos, y justo en ese momento Fujimori se estaba bañando allí. Al toque el presidente hizo lo propio y salió al aire diciendo que él estaba allí, rodeado de soldados peruanos que habían asegurado la posición. A los pocos minutos nomás, desde Cóndor Mirador empieza el bombardeo. Primero de 12 cohetes, a los pocos minutos una nueva ráfaga… 24 cohetes, ahora más cerca de nosotros, que llamábamos a la FAP para que nos preste cobertura aérea. Y de nuevo, otra ráfaga, 48 estallidos. Y yo en medio del bombardeo, con los cráteres abriéndose allí mismo, pensando en cómo iba a evacuar al presidente. Y todo porque escucharon la llamada en la radio”.

La batalla de Tiwinza

“Pero nosotros también oíamos radio ecuatoriana, y gracias a eso demostramos que no solo sí llegamos a Tiwinza, si no que lo conquistamos y nos seguimos de frente hasta las posiciones de El Maizal. El tema es que nosotros en nuestra radio escuchábamos al ministro de Defensa de Ecuador dar una conferencia en la que decía que con sus nuevos GPS iban a demostrar que Tiwinza estaba en su poder, y para eso estaban yendo con la misión de observadores extranjeros a demostrarlo. No lo podíamos permitir. Cuando llegaran teníamos que estar listos. Que nos vean ocupando el puesto y armados hasta los dientes. ‘Qué tal, muchachos, cómo están… a ver, bajen , pues, que aquí esperamos’… Llegar al punto era una misión de honor. Por eso titulo así mi libro.

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Enviamos a nuestras tropas, pero para que te hagas una idea de cómo nos agarró la guerra, no teníamos municiones antipersonal para nuestros RPG (lanzadordes de cohetes portátiles), solo munición antitanque… ¿A qué tanque le íbamos a disparar en la selva? En fin, era lo que había y con eso marchamos. ¿Tú sabes lo que significa a las seis de la mañana escuchar el sonido de los RPG, que suenan con un doble estallido?… ¡Bum-bum… Bum-bum… Bum-bum! Lo oías y parecía práctica de tiro de mis blindados. ¡Eran mis muchachos! Y desde Coangos escuchan eso y retroceden. Ya… sí… ellos estaban en Tiwinza… Qué risa.

Ese es el famoso ‘miércoles negro’, su famosa ‘masacre del Maizal’. Y la verdad sea dicha, les dimos de alma. Ellos dicen que el Perú usaba lanzallamas porque sus muertos y heridos, efectivamente, estaban quemados terriblemente. Pero es por la munición que usamos, porque no había otra. La munición antitanque bota fuego en vez de esquirlas al detonar, como la munición antipersonal, porque está diseñada para perforar el blindaje y que su calor haga que estallen los cohetes dentro del tanque para que el carro reviente desde dentro. Nunca usamos lanzallamas.

Nosotros ganamos pese a todas esas dificultades de armamento y logística. ¿Sabes que nos enviaban para comer? Omellete… ¿Has probado comer tortilla de huevos de una lata, en la selva? Mis soldados eran extraordinarios. Si ganamos fue por ellos. Mientras en Ecuador hubo movilización nacional por guerra, aquí se hablaba de conflicto y la gente seguía tan tranquila en la playa. Mis muchachos se fajaron por todos. ¿Y sabes qué pasó con ellos al acabar las hostilidades? Los regresaron al Huallaga a seguir peleando con Sendero. Y no pedían nada. Ni medallas ni desfiles. Mira, ni pensión de veterano pedían. Ellos solo querían que les den una oportunidad de trabajo, y 20 años después ni eso han podido conseguir. Y son los Gigantes del Cenepa”.

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