Sánchez Lagomarsino y baterías del Morro derrotaron a escuadra chilena en el combate naval de Arica

VÍCTOR ALVARADO
Una victoria peruana injustamente minimizada en la que los defensores peruanos dejaron fuera de combate al ‘Huáscar’ chileno y dieron muerte a su jefe, el comandante Thomson.

El combate naval de Arica del 27 de febrero de 1880, injustamente minimizado por los historiógrafos, es una de las contundentes victorias navales peruanas contra los invasores anglochilenos, y como tal es una de las páginas gloriosas de la resistencia peruana en el período subsiguiente, que va desde las batallas de San Francisco (19 de noviembre de 1879) y Tarapacá (29 de noviembre) hasta antes del asalto chileno al Morro de Arica (07 de junio de 1880).

Este episodio tuvo lugar en la bahía de Arica entre el monitor peruano Manco Cápac, conducido por el capitán de fragata José Sánchez Lagomarsino, apoyado por las baterías del Morro, y el monitor Huáscar, convertido en nave chilena luego de haber sido capturado en el Combate Naval de Angamos, secundado por la cañonera chilena “Magallanes”, con el saldo de la exnave peruana puesta fuera de combate y nueve muertos, entre ellos su comandante, el capitán de fragata Manuel Thomson y 18 tripulantes heridos. Las bajas en las filas peruanas fueron tres militares fallecidos y otros cuatro heridos, entre ellos un capitán, pertenecientes a la tripulación del “Manco Cápac”, pero los bombardeos indiscriminados hechos por la flota chilena contra la población civil de Arica causaron cinco muertos y otros 11 heridos. El “Huáscar” chileno y la “Magallanes” tenían a cargo el bloqueo naval del puerto de Arica. El primero había llegado recién el 24 de febrero, luego de haber participado en los bloqueos del Callao desde diciembre de 1879 al mando del capitán de corbeta Guillermo Peña; y del bloqueo a Mollendo, con su nuevo comandante Manuel Thomson. La exnave peruana había llegado a Arica a reemplazar al blindado “Cochrane”, que había sido enviado para reforzar la defensa del puerto de Pisagua, entonces a merced de los invasores desde el dos de noviembre de 1879.

El combate naval de Arica fue la culminación de un abanico de acciones que se iniciaron a las 8.30 de la mañana cuando el “Huáscar” se aproximó a la costa de Arica para hacer un reconocimiento de la isla Alacrán, y fue objeto de disparos de las baterías del Morro de Arica, al mando del coronel Arnaldo Panizo, que le impactaron tres proyectiles sin mayores consecuencias. El “Manco Cápac” salió al encuentro del “Huáscar”, y a su vez éste recibió el apoyo de la cañonera “Magallanes”, pero al darse cuenta de sus vulnerabilidades frente a las baterías del Morro, ambas se retiraron. Cuando todo parecía que iba a quedar allí, el “Huáscar” y la “Magallanes” se acercaron a las 11 a.m. a la costa peruana para lanzar un cañoneo desde el mar contra el tren que se desplazaba de Tacna a Arica, pero las baterías peruanas del Morro y de la playa les respondieron con nutrido fuego que le impactan en su estructura. En estas circunstancias, el “Huáscar” recibe un impacto directo que dio muerte a 8 sirvientes e hirió a otros 12. Entre las bajas mortales se contaron el aspirante Eulogio Goycolea y el marinero Luis Segundo Ugarte. Este era uno de los marinos de la “Esmeralda” que intentó abordar el “Huáscar” en el combate naval del 21 de mayo en Iquique. Los bombazos peruanos del Morro causaron 12 heridos, entre ellos el segundo comandante del “Huáscar”, teniente Emilio Valverde y el teniente 2° Tomás Pérez, así como la destrucción del palo trinquete, lo que obligó al “Huáscar” y la “Magallanes” a virar en redondo y retornar a su posición en el bloqueo de la bahía. GOLPE FINAL A juicio de los defensores peruanos, el escarmiento propinado a las naves chilenas no era suficiente. El comandante Sánchez Lagomarsino resuelve, a la una de la tarde, salir de la bahía en busca del “Huáscar”, sabedor de su calamitoso estado, para rematarlo, lo que sería la tercera acción del día. Thomson lo avista, decide tomar la iniciativa y sale al encuentro de su retador. Al encontrarse a 1.800 kilómetros del “Manco Cápac” ordena atacarlo con el fuego de sus cañones, sin resultado alguno. Thomson ordena acercarse más aún y abre los fuegos, pero uno de sus cañones se traba, ante lo cual decide espolonearlo por estribor. La maniobra le resultó fallida porque al acercarse se encuentra con una lancha que tenía las características de una torpedera (resultó ser la patrullera boliviana Sorata, que estaba desarmada) y decide virar para espolonear por babor.

La fuente histórica chilena, siempre justificando o minimizando los errores de sus jefes navales, asegura que al hacer esta maniobra, la máquina del monitor se paralizó y no pudo culminar la acción. Lo real es que en el momento de ese viraje, Lagomarsino, con el poder de fuego de sus ametralladores, barre con todo lo que esté a la vista en la cubierta del “Huáscar”, entre los que se encuentra el comandante Thomson, quien recibe de lleno un proyectil en el pecho que virtualmente lo pulverizó. El segundo comandante del “Huáscar”, Valverde, que había resultado herido, ordena retirar el barco de la línea de fuego enemigo y el comandante Lagomarsino del “Manco Cápac” considera acabada la operación y retorna al puerto donde fondea a las 4.30 p.m. El capitán de navío Carlos Condell reemplaza a Thomson y manda a la “Magallanes” a Ilo (ocupado por los invasores) para dar cuenta de la muerte de Thomson al comandante general de la escuadra, Galvarino Riveros y al ministro de guerra en campaña, Rafael Sotomayor. Ambos presos de la furia ordenan en represalia bombardear a la población de Arica, encargándole la tarea al “Angamos” y “Huáscar” por tener cañones de largo alcance. La acción de bombardeo contra la población se ejecutó el 29 de febrero y reanudó sucesivamente los días 1, 2, 3, 4, 5 y 6 de marzo siguiente, con el saldo de cinco civiles muertos y otros 11 heridos. Entre los primeros se incluyó el niño Adrián Roseto y entre los segundos dos bebés. En los meses siguientes, las fuerzas invasoras continuaron concentrando más tropas, armamentos y pertrechos, preparando las embestidas contra Tacna y Arica, las que finalmente se consumaron.

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