Archivo por meses: marzo 2012

EEUU y Perú suscriben acuerdo de cooperación a nuestras FF AA

Transferirá tecnología, capacitará a militares, preparará comandos y apoyará lucha contra SL

El acuerdo de cooperación suscrito esta semana entre Perú y Estados Unidos, en Washington, contempla no solo la transferencia de información y la colaboración en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, sino también la capacitación de los miembros de las Fuerzas Armadas peruanas en la Escuela de las Américas, la preparación de los comandos en temas de especialización militar y el manejo de la modernidad logística de las FFAA estadounidenses.

El Memorándum de Entendimiento para el fortalecimiento de las relaciones político-militares entre ambos países fue firmado por nuestro embajador en Norteamérica, Harold Forsyth, y el vicesecretario de Estado del Departamento de Estado, en presencia del ministro de Defensa, Luis Alberto Otárola, y de Beth Mc Cormick, subsecretaria adjunta de Defensa y Seguridad Regional. Esta alianza estratégica contempla “la capacitación, participación de EEUU en labores de rescate y desastres naturales, intercambio de información para combatir la delincuencia internacional, narcotráfico, lavado de activos, trata de personas y la minería ilegal”.

Asimismo, incluye promover programas para mejorar y fortalecer su relación mutua en temas de seguridad estratégica, y la cooperación en temas de seguridad y defensa. También fortalecerá los vínculos de cooperación entre las FFAA de cada país y la interoperabilidad y la relación entre sus miembros, e incluso se puede incorporar, entre otros, a las fuerzas policiales, aduanas, guardacostas y otras entidades a cargo de la aplicación y cumplimiento de la ley. También se contempla la participación de oficiales de las Fuerzas Armadas peruanas en la Escuela de las Américas para intercambiar experiencias y “ponerse al día con la modernidad logística” de Estados Unidos. “Se ha decidido un tema muy importante, la participación de las FFAA de Perú en la Escuela de las Américas y la preparación de nuestros comandos en las áreas altamente especializadas para ponernos al día con la modernidad logística de los EEUU y sobre todo el intercambio de experiencia muy especializadas en la gestión de sus propias capacidades”, señaló Otárola. El ministro destacó que dicho centro militar, ahora denominado Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad, es una institución con un “alto nivel de eficiencia” y “profesionalismo”.

En paralelo se discute un borrador para la renovación del convenio militar suscrito en 1952 entre ambos que países, que esperan poder firmar en octubre durante la reunión de ministros de Defensa del continente en Uruguay. El ministro extendió una invitación a Panetta para que visite Perú, algo que Otárola espera que “se concrete este año”, en el que Perú tomará la presidencia temporal de Unasur y la dirección del Consejo de Defensa.

El Ministerio de Defensa 25 Aniversario

Ministro Alberto Otárola entregó reconocimientos a trabajadores con mayor tiempo de servicio

A dos días de cumplirse los primeros 25 años de su creación, el Ministerio de Defensa celebró este acontecimiento con una emotiva ceremonia, que fue presidida por el ministro Alberto Otárola Peñaranda y contó con la presencia de tres ex ministros, funcionarios del Sector, autoridades de las Fuerzas Armadas y personal civil y militar.

El magno evento, llevado a cabo en la sede institucional, se inició con una misa oficiada por el padre Guillermo Inca Pereda en honor de las bodas de plata de la institución, que fue creada el 1 de abril de 1987 mediante la Ley N° 24654.

El encargado de ofrecer el discurso de orden fue el director general de Recursos Materiales, mayor general FAP Juan Carlos Castro Malarín, quien destacó los esfuerzos del presidente Ollanta Humala Tasso y del propio ministro Alberto Otárola por recuperar la capacidad operativa de las Fuerzas Armadas y mejorar las condiciones del personal militar.

En seguida, el ministro de Defensa procedió a entregar los reconocimientos respectivos al personal con mayor tiempo de servicio en el Sector (de 25 a 30 años), otorgándole a cada uno, una placa recordatoria y un presente en agradecimiento a sus años de dedicación y esfuerzo.

En su discurso, el titular del Sector hizo extensivo el saludo que le encomendara el mismo jefe de Estado para todo el personal por estos 25 años, y en seguida reiteró su compromiso de seguir trabajando para repotenciar la presencia activa del Ministerio y de las Fuerzas Armadas en las misiones que la Constitución les encarga. Asimismo renovó su decisión firme de mejorar el aspecto remunerativo de los miembros de las Fuerzas Armadas y las condiciones de trabajo del personal civil.

En la ceremonia estuvieron presentes los ex ministros Daniel Mora Zevallos, Ántero Flores Aráoz Esparza y Marciano Rengifo Ruiz; también el viceministro de Políticas para la Defensa, Wilver Calle Girón; y el viceministro de Recursos para la Defensa, Lizandro Maycock Guerrero.

También estuvo presente el jefe de Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, vicealmirante Carlos Chanduví Salazar; el comandante general de la Marina de Guerra, almirante José Cueto Aservi; el comandante general de la Fuerza Aérea, general del aire Pedro Seabra Pinedo, y el jefe del Estado Mayor General del Ejército, general Ricardo Moncada Novoa.

Oficina de Prensa del Ministerio de Defensa

HISTORIA DE UNA CONFLICTIVA VECINDAD CON CHILE (X PARTE Y FINAL)

 
El gobierno del presidente Humala ha iniciado la repotenciación de las FF AA para devolverles su capacidad disuasiva

El derrocamiento y muerte del expresidente Juan Velasco Alvarado robusteció al régimen sangriento de Augusto Pinochet Ugarte y dio lugar a que pusiera en marcha una carrera armamentista de adquisición de mortíferas armas y equipos de guerra, ejecutada por las cúpulas político-militares, la que solo en el lapso de 1996-2006 ascendió a US$ 17.677 millones y del 2006 al 2010 totalizó US$ 28.917 millones, es decir una suma cercana a los 50 mil millones de dólares.

Las cifras serían mucho mayores porque no incluyen las que hizo el régimen de Pinochet durante su gestión (1973-1990), sobre las cuales los analistas no se han puesto de acuerdo, pero que sobrepasarían los 10 mil millones de dólares. En oposición a este cuadro, en el Perú, verdadero objetivo de la carrera armamentista lanzada por Augusto Pinochet y luego por los gobiernos seudosocialistas de la Concertación Nacional, las adquisiciones no llegaron en gobiernos anteriores ni al 20% de las compras chilenas. Esta situación recién ha comenzado a revertirse con el nuevo gobierno de Ollanta Humala. La carrera armamentista en Chile fue impulsada por el propio Pinochet mediante la promulgación de la Ley Reservada del Cobre, que dispone que el 10% de los ingresos de la minería del cobre sean destinados a la adquisición de armamento y su objetivo, cumplido a la fecha, es tener una capacidad cinco veces superior a las de las fuerzas armadas de sus vecinos: Perú, Bolivia y Argentina. Para que se tenga una idea de la magnitud de este aporte, solo en el 2011 fueron destinados US$ 1.502 millones de dólares, los que sumados a los 4.000 millones de dólares disponibles y no utilizados en los años anteriores, la cúpula político-militar chilena dispone en el 2012 de US$ 5.500 millones para nuevas adquisiciones, ya anunciadas a fines del 2011 y consisten, entre otras, en un lote de aviones no tripulados, los famosos Drones que EE.UU. utiliza para vigilar a Irán y que serán usados exclusivamente para la vigilancia de la frontera peruano-chilena y la renovación de su capacidad anfibia. 

Poderío a la vista

En años anteriores, compraron un total de 46 cazabombarderos F-16, 200 tanques Leopardo IV y 2 A4, ocho fragatas misileras, 104 misiles antibuque, 360 misiles antiaéreos de corto alcance y 80 misiles de alcance medio, de las clases Harpoon, Sea Starrow y Standard, considerados los más avanzados en misilística. Hay que añadir la compra de dos submarinos Scorpene, valorizados en US$ 500 millones cada uno. Las naves están dotadas de misiles Exocet, valorizados cada uno en 3 millones de dólares y otros del tipo “crucero”. Una de las naves quedó inutilizada al ser lanzado de nariz contra la costa por el tsunami de 1910 que azotó la base naval de Talcahuano. Según analistas internacionales especializados, si el conflictivo vecino lanzara una agresión militar, en el caso de que el fallo de La Haya no le favoreciera, el Perú estaría en una desventaja de 5 a 1 para enfrentarla. 

Rearme del Perú

En oposición a este alarmante cuadro, el Perú ha iniciado con el gobierno de Ollanta Humala un sinceramiento de la política de seguridad externa al anunciar la repotenciación definitiva de los MIG-29, que en los próximos días se reincorporan a la FAP, dotados de parque misilístico para convertirse en el escudo aéreo del Perú, así como próximas adquisiciones de armamento a países como Brasil y Venezuela, orientadas a recuperar “los estándares históricos en capacidad disuasiva militar”. Es más, frente a las amenazas potenciales del conflictivo vecino, el ministro de Defensa, Alberto Otárola, confirmó que el Perú ya tiene el misil “Paulet”, de fabricación enteramente peruana, capaz de poner fuera de combate a blancos localizados a 100 kilómetros de distancia y apuntado hacia arriba puede impactar en blancos localizados a 300 kms. de distancia. También, el Perú se encuentra a punto de culminar el proceso para la fabricación de 24 aviones similares al “Tucano” brasileño, en el marco de un convenio con Corea del Sur.

El propio ministro de Defensa, Alberto Otárola, ha expresado al respecto que “de cara al bicentenario de la Independencia Nacional (2021) aspiramos a tener fuerzas armadas modernas, eficientes, eficaces, interoperativas y de accionar conjunto, anticipando, por ejemplo, que de los 21 batallones de ingeniería militar, serán repotenciados por lo menos 10 al corto plazo para que cumplan su tarea de participar activamente en el desarrollo del país”. Al respecto, el presidente Humala ha adelantado en anteriores intervenciones que las adquisiciones se harán sin la intervención de intermediarios, con lo cual se dejará sin efecto una perniciosa y negativa política de los gobiernos del pasado. Es decir, el Ministerio de Defensa promoverá acuerdos de gobierno a gobierno. Entre los acuerdos suscritos con Brasil, indicó Otárola, mencionó la alianza estratégica en materia de industria militar que incluirá intercambio de tecnología y capacitación, así como el ingreso del SIMA-Perú al mercado de Brasil para ofertar construcciones de embarcaciones fluviales y la capacitación de oficiales peruanos en cooperación binacional en materia aeroespacial y de ingeniería naval.

Belaunde Terry compró 26 Mirage 2000 para defendernos de vecino conflictivo y García los revendió en oscura operación

VÍCTOR ALVARADO
FBT quiso potenciar capacidad disuasiva de FAP, luego de vivir experiencias de “Falso Paquisha” y la participación peruana en la Guerra de las Malvinas

Desde 1970 en que el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, jefaturado por el general EP Juan Velasco Alvarado, potenció la capacidad disuasiva de la Fuerza Aérea Peruana (FAP) con la adquisición de 38 aviones cazabombarderos MiG y Sukhoi, tuvieron que pasar 12 años para que el segundo gobierno constitucional de Fernando Belaunde Terry, electo luego de que Francisco Morales Bermúdez resolvió retornar el poder a los civiles, procediera en el año 1982 a fortalecer aún más el poder de esta arma mediante la adquisición de 26 modernos aviones “Mirage 2000”.

La iniciativa no era casual ni demagógica ni menos un gasto inútil, porque FBT un año antes de este segundo gobierno suyo, más precisamente a fines de enero de 1981 vivió la experiencia del Falso Paquisha, en la que tropas ecuatorianas invadieron territorio amazónico peruano, y el Perú se vio obligado a desalojarlos mediante el valeroso concurso de los comandos del Ejército y de bombardeos de la FAP, y esto a criterio de Belaunde podría repetirse en mayor escala, y no se equivocó, porque años después habría otra invasión mayor en la misma zona de frontera. En aquella ocasión, los invasores establecieron varios puestos militares en la Cordillera del Cóndor y ocuparon tres PV (Puesto de Vigilancia peruanos), que habían sido abandonado por el Ejército en 1978. Astutamente, bautizaron al puesto invasor de avanzada como Paquisha, que era el mismo nombre de un puesto que tenía al otro de la frontera, en territorio ecuatoriano. Pero no contaban con que serían descubiertos el 22 de enero de 1981 por el mayor EP Rubén Polanco Pacheco que piloteaba un helicóptero desartillado de la Aviación del Ejército y realizaba una misión de abastecimiento. Belaunde,visionariamente, preveía que en el futuro podría producirse una concertación entre las fuerzas chilenas y ecuatorianas para atacar al Perú con fines anexionistas de nuestro territorio. Y no estaba equivocado, porque los servicios de inteligencia habían detectado la intensificación de carreras armamentistas en los dos países, de manera particular en Chile, donde el dictador Augusto Pinochet, robustecido con el derrocamiento de Velasco, afinaba planes para atacar al Perú. A este hecho, hubo que añadir la ocurrencia de la Guerra de las Malvinas, iniciada el 2 de abril del año 1982, en el que el Perú, en una gesta de solidaridad latinoamericanista apoyó con el concurso de 10 Mirage, de una dotación comprada por el gobierno de Velasco, mientras que la cúpula político-militar chilena extendió su apoyo a los invasores ingleses.

SE HACE LA COMPRA

La compra dispuesta por FBT consistió en 26 aviones Mirage 2000, sin armamento, valorizados en 300 millones de dólares, fue concretada en el Convenio Júpiter I, suscrito el 11 de octubre de 1982, por el cual las empresas Dassault, SNECMA y Thomson se comprometían a fabricarlos por el valor de 4,564 millones de francos franceses. Pero, luego, debido a una serie de variables económicas, los fabricantes urgieron un reajuste, lo que dio lugar al nuevo convenio Júpiter II y al aumento del precio a 4,960 millones de francos suizos. El mandatario no llegaría a ver los 26 aviones “Mirage” porque sus entregas serían hechas en el primer año de mandato del siguiente gobernante y este resultó ser nada menos que Alan García Pérez, electo e instalado en el cargo el 28 de julio de 1985. Belaunde jamás imaginó que la compra sería virtualmente saboteada por su sucesor, porque García apenas juramentó el cargo anunció que se trataba de una compra excesiva que su gobierno en una demostración de vocación pacifista iba a devolver 14 del total de 26 “Mirage 2000”, en común acuerdo con los fabricantes. De los dichos pasó a los hechos que los concretó en nuevo Convenio Júpiter III, por el cual el Perú terminaba adquiriendo solo 12 “Mirage” y un simulador al precio de 32 millones 833 mil dólares cada uno, un precio superior al consignado en los anteriores convenios. García no contaba con que pronto se sabría que estaba en conversaciones con el marroquí Abdel Rahman El Assir, famoso traficante internacional de armas, al que conoció en junio de 1985, antes de ser presidente, por intermedio del expresidente venezolano Carlos Andrés Pérez. Más aún, había hecho dos viajes con él e incluso lo invitó a la transmisión del mando presidencial. Más aún, en un viaje a El Cairo, cuando ya era presidente, hizo desviar intempestivamente la ruta para hacer una escala en Luxor, mientras viajaba acompañado de Allan Wagner y el fallecido Héctor Delgado Parker, para sostener un encuentro con El Assir, quedando los restantes en la nave. Más adelante, un general de la FAP contó que García le solicitó que diera toda la información a El Assir. La versión más extendida es que en esta aparente operación de aprovechamiento ilícito, el Perú perdió 25 millones de dólares por cada avión devuelto.

La investigación más completa sobre esta turbia operación la hizo el ex senador, ya fallecido, Carlos Malpica Silva Santisteban y publicado en su libro “Pájaros de alto vuelo”, en la que reproduce un testimonio del ex diputado aprista Carlos Roca, en el que este cuenta haber sido testigo de una conversación entre Carlos Andres Pérez y García, en la que el primero le dijo al segundo: “No cometas el error del viejo Haya que llegó a viejo y tuvo que humillarse pidiendo dinero, que no te pase lo mismo”. García le habría preguntado: “¿Y de cuánto se trata?” Su interlocutor le respondió: “Por lo menos 10 millones de dólares”. (Mañana: “Pinochet aprovecha las ventajas del derrocamiento y muerte de Velasco, y se arma hasta los dientes para agredir a sus vecinos”).

Muere Velasco a dos años del golpe de Morales y Pinochet se atornilla en el poder e inicia un armamentismo indetenible


Muchedumbre humana, en medio de inenarrables muestras de dolor, se apoderó de su ataúd y lo condujo a pie hasta su última morada en “El Ángel”

La encarnizada persecución lanzada por el gobierno de Francisco Morales Bermúdez contra el grupo de militares insurrectos de “La Orga” que jefaturaba el mayor EP José Fernández Salvatecci y tuvo como saldo el asesinato del mayor EP A. Loayza, por su participación en el comando que trató vanamente de ejecutar a Morales mientras éste se desplazaba hacia Chorrillos, consiguió finalmente anular cualquier brote de resistencia al nuevo gobierno en los cuarteles de los institutos armados. El ganador de esta batalla, dirimida internamente a favor de Francisco Morales Bermúdez, fue Augusto Pinochet. A partir de este momento, el dictador chileno profundizó la represión sangrienta contra el pueblo chileno, con la finalidad de “erradicar de raíz el cáncer marxista”, como solía subrayarlo el general FACh Gustavo Leigh Guzmán, integrante de la junta militar, quien posteriormente recibiera de su propia medicina, al ser objeto de un atentado atribuido a Pinochet para acallar sus críticas de disidente. Libre de cualquier amenaza externa, Pinochet inició una frenética carrera armamentista usando las ingentes ganancias de la explotación del cobre, que Allende estatizó luego de nacionalizar a la empresa minera norteamericana Anaconda. Lo que para Allende debía ser “el sueldo del pueblo chileno”, Pinochet lo convirtió en la “caja fuerte” de un armamentismo orientado a amenazar e invadir a sus vecinos Argentina , Bolivia y Perú.

En el Perú, a diferencia de lo que hizo Pinochet con el cobre, los gobiernos que sucedieron a Velasco privatizaron la minería cuprífera nacionalizada por Velasco, constituida por la Cerro de Pasco Corp. e integrada por nueve yacimientos y el complejo metalúrico de La Oroya. Y lo que es más grave, desarmaron a las Fuerzas Armadas al negarles presupuesto para el mantenimiento de sus armas y renovación de sus equipos, en represalia por haber hecho la revolución velasquista. Velasco, al momento del golpe de Morales Bermúdez, convalecía en silla de ruedas por las secuelas de la operación de un aneurisma aórtico abdominal realizada el 22 de febrero de 1973 y la amputación de su pierna derecha, a la que fue sometido el 11 de marzo, debido a una gangrena originada por la interrupción de la circulación sanguínea, a su vez causado por un nuevo aneurisma en este miembro.

La traición de los generales, en particular de Francisco Morales Bermúdez, que lo había acompañado desde el comienzo del proceso revolucionario y a quien había designado como su “delfín”, deterioró hondamente su salud y experimentó recaída tras recaída. Escalada de golpismo Hasta antes del episodio del golpe de Morales, Velasco enfrentó una escalada de acciones violentas orquestadas por el APRA y la ultraizquierda, donde aparecían en primera fila los partidos comunistas Patria Roja, Bandera Roja y Por el Sendero Luminoso de José Carlos Mariátegui, que sería conocido después como Sendero Luminoso de Abimael Guzmán. Estos grupos terminarían por coludirse para impulsar el paro policial del 05 de febrero de 1975 con propósitos golpistas que dejó a la capital en manos de vándalos liderados por conocidos dirigentes de la juventud aprista. Los establecimientos comerciales del Cercado de Lima fueron saqueados. El Ejército se vio obligado a reprimirlos con un saldo de 78 vándalos muertos.

El restablecimiento del orden impidió la desestabilización del Gobierno, pero ya su suerte estaba echada. Posteriormente hubo un segundo plan golpista. El 25 de junio, la flota de la Marina zarpó del Callao en señal de levantamiento contra el gobierno de Velasco, bajo la jefatura del almirante José Carbajal Pareja, secundado por los almirantes Anderson, Raúl Sánchez, Bergelund, Ramírez, Nicolini, Egúsquiza, entre otros. “Juan Sin Miedo” no cedió un centímetro a sus demandas y regresaron cabizbajos a sus bases. Como dice el refrán: “En la tercera va la vencida”. Morales Bermúdez tendría finalmente éxito en la tercera intentona de la madrugada del 29 de agosto de 1975, en Tacna. En la última entrevista periodística que concedió en vida, Velasco lamentó no haber completado las transformaciones. “Nos falto hacer las reformas de la salud, vivienda y crédito. Queríamos que el Estado sea dueño de la banca para poner el crédito al servicio del pueblo. Prestarle al zapatero, gasfitero, al campesino. No había plata en el campo, a esta pobre gente le compraban las cosechas por cinco años por un crédito”, dijo. Sus reformas sociales, en particular la agraria, fueron objeto de permanente satanización, presentándola como un fracaso y sobre todo inviable. El propio exdirector general de Reforma Agraria, Benjamín Samanez Concha, a quien nunca Morales le dio tribuna para defenderla, refirió respecto al supuesto fracaso de la cooperativización de las antiguas haciendas azucareras que en cuestión de productiva batieron todos los récords en 1975, cuando se llegó a producir 900.000 toneladas, nunca antes registrado. “Las cooperativas mantenían las escuelas, las postas de salud, las viviendas, pero Morales las estranguló al fijar el precio del azúcar a un sol menos de lo que costaba en el mercado internacional, lógicamente las cooperativas empezaron a perder dinero y vino la quiebra”, explicó Samanez. En la madrugada del 24 de diciembre de 1977, a menos de dos años del golpe lanzado por Morales, Velasco expiró. Una muchedumbre humana, en medio de inenarrables muestras de dolor, en una gesta nunca antes registrada en la historia del Perú, se apoderó de su ataúd y lo condujo a pie hasta su última morada en el cementerio El Angel de Lima. (Mañana: Belaunde compra Mirage para defendernos de vecino conflictivo y García los revende).

Morales Bermúdez salva de morir tiroteado en atentado en Chorrillos y de ser ametrallado en desfile militar

Militares insurrectos de “la orga” fueron buscados “vivos o muertos” y uno de ellos murió baleado en el refugio donde se ocultaba de la persecución

El fracaso del golpe militar del 20 de julio de 1976 contra Francisco Morales Bermúdez y los generales que traicionaron al presidente Juan Velasco Alvarado no hizo retroceder a la célula de oficiales liderados por el mayor EP José Fernández Salvatecci, quienes a partir de ese momento pasaron a la clandestinidad, donde diseñaron una estrategia de acción que abarcaría todos los medios de lucha para desalojar del poder a “la camarilla de generales traidores”, como ellos los llamaban, e incluiría acciones armadas de aniquilamiento.

Sus intervenciones, verdaderamente temerarias, porque expusieron sus propias vidas, los conducirían a la postre al exilio, y en adelante se propusieron darle batalla a Morales Bermúdez en todos los terrenos, priorizando los métodos clandestinos; es decir, la severa reserva de los acuerdos y acciones, así como la actuación de elites de comandos dispuestos a zanjar en el más breve plazo el relevo de la nueva cúpula gobernante. En 1976, pocos meses después de las fallidas tomas de los cuarteles “La Polvora” y la “División Blindada”, conforme lo ha narrado el propio capitán EP Eloy Villacrez Riquelme, en su crónica “Los intentos para derrocar al felón Morales Bermúdez” (http://www.izquierdaperu.org/category/eloy-villacrez/), él y el capitán A. Loayza (no consigna su nombre completo) se lanzaron decididamente a interceptar y eliminar a balazos a Morales Bermúdez, en circunstancias que se dirigía a un acto oficial en la Escuela Militar de Chorrillos.

Los tiradores se apostaron aparentemente en una situación inmejorable, aproximadamente a 150 metros de distancia y le dispararon a matar. Pero, como lo dirían después “yerba mala nunca muere”, las balas rozaron a escasos centímetros de la cabeza de Morales Bermúdez, y como era de esperarse se desató sobre ellos una “cacería encarnizada” que terminó con el asalto de un comando de inteligencia al refugio de Loayza, donde lo asesinaron a balazos.

Militares insurrectos lanzan primer intento de golpe de Estado contra los generales que traicionaron a Velasco

VÍCTOR ALVARADO
Mayor Fernández Salvatecci dirigió fallidas tomas de “La Pólvora” y División Blindada y en respuesta Morales decretó su captura “vivos o muertos”

El golpe de Estado del general Francisco Morales Bermúdez contra el presidente Juan Velasco Alvarado ejecutado el 29 de agosto de 1975 tuvo efectos múltiples, el principal de ellos, sin duda, era el respiro de alivio que sintieron los integrantes de la cúpula político-militar chilena, que en esos días reprimía a sangre y fuego a la resistencia popular allendista, porque el ascenso de los generales traidores significó la desactivación de los planes de invasión militar peruana para la recuperación de los antiguos territorios de Arica y Tarapacá y, lo más grave, marcaba el inicio de un proceso de desmontaje de todas las reformas sociales, políticas y económicas implementadas por el Gobierno Revolucionario de las FF AA”.

El grito de “Viva el Perú” que lanzaron los oficiales chilenos en la guarnición de Arica, luego de recibir la llamada telefónica del general peruano Artemio García Vargas que les anunciaba que el nuevo presidente era Francisco Morales Bermúdez, sería seguido de un clima de profunda inquietud e interrogantes en los cuerpos de elite de las tres armas que se hallaban en el cuartel Salaverry en espera del “Día D”. El capitán EP Eloy Villacrez Riquelme recuerda en su libro “Patriotas y traidores” que los 400 blindados, los ejércitos de tierra, mar y aire, entre ellos 1.200 paracaidistas comando, de los que él formaba parte, estaban listos desde comienzos del año y hubo un momento en que la invasión estuvo a punto de producirse cuando Pinochet y Hugo Banzer (que había depuesto al presidente Juan José Torres en 1971) se dieron ‘El abrazo de Charaña’, donde el primero le ofreció al segundo una salida al mar para Bolivia, a fin de impedir la invasión militar peruana”. Las fuerzas militares peruanas habrían sobrepasado sin resistencia las defensas chilenas conformadas por 30 antiguos blindados Sherman y habrían irrumpido hacia Arica y Tarapacá en tres columnas, una por la costa y otra por las estribaciones de la cordillera con dirección a Iquique y un envolvimiento vertical a cargo de la fuerza de paracaidistas. Pero Pinochet, sabedor de lo que se venía, desistió de ese ofrecimiento. Villacrez rememora que frente a las exigencias de los oficiales por una explicación, los golpistas se escudaron en la versión de que “los chilenos sabían sobre la invasión y no sería una sorpresa y luego fijarían otra fecha en el tiempo más corto”. Empero, pasaron los meses y las postergaciones se sucedieron y se alargaron los plazos. Luego, los oficiales vehementes fueron cambiados de colocación a las oficinas del Cuartel General del Ejército, pero esto no impidió que deliberaran para buscar una salida militar y política al empantanamiento al que había ingresado la revolución.

El punto de quiebre fue el 24 de abril de 1976, Día de la Ingeniería Militar, cuando los oficiales subalternos le pidieron al comandante general del Ejército, Jorge Fernández Maldonado, que uno de ellos tuviera la oportunidad de dirigir algunas palabras al Gobierno con motivo de la celebración de esta fecha en el cuartel San Martín.

“Olor a traición”

Villacrez fue designado y en su discurso fue al grano: “Soy el capitán Eloy Villacrez, me dirijo a usted, señor presiente, de ingeniero a ingeniero para decirle que hay preocupación en los oficiales sobre el rumbo que se está imprimiendo a la revolución y la demora en llegar a Tarapacá, comienza a sentirse un olor a traición”. Como empujados por un resorte, un grupo de generales y coroneles se levantaron de sus asientos y le arrebataron el micrófono para impedirle que siga hablando. A estas alturas ya había un grupo organizado conocido como “La Orga”, dispuesto a lanzar un golpe de Estado, encabezado por el mayor EP José Fernández Salvatecci (ya fallecido) y formado por civiles y militares, todos líderes sociales y oficiales prestigiados en el Ejército, a fin de “unir voluntades para alcanzar el poder y que la revolución de Velasco recupere la dirección del proceso”. Entre los conjurados, según narra Villacrez, se encontraban los militares Fernández Salvatecci, Lora Muga, Huarcaya, Córdova Rivera, Del Pozo Galván, E. Sosa, D. Arias, J Velarde, Héctor Portela, E. Villacrez, Calep Gonzales, C. Pino, Ugarte, A. Loayza, los coroneles Justo Jara y Vásquez Pancorbo, entre otros, y por el lado civil figuraban Manuel Benza, W Sacaico, C. Traverso, E.Portocarrero, Shango Aragón, Sánchez Carlessi (materia gris del alzamiento), Trigoso Edery, Juan Márquez, Avelino Mar, V. Villacrez, Ricardo Letts, entre otros.

El 20 de julio de 1976, fijado como fecha del golpe contra Morales, los conjurados ingresaron al cuartel “La Pólvora” para iniciar las acciones y una vez dentro se dieron con la sorpresa que el cuartel había sido cercado y ante la evidencia de haber sido traicionados, se abrieron paso con las armas para dirigirse a la división blindada, que ya había sido tomada por el capitán Héctor Portela, luego de reducir al jefe y mayor ejecutivo, pero al llegar aquí constataron que igualmente había sido rodeada por otros destacamentos. Los insurrectos procedieron a desactivar la operación y para salvar a los cuadros civiles y militares la responsabilidad fue asumida por Fernández Salvatecci, Caleb Gonzales, Villacrez y Portela. De inmediato se descargó sobre ellos una persecución con la consigna de capturarlos “vivos o muertos”. Empero, Villacrez no alcanzó a ponerse a buen recaudo. Fue detenido e internado en la Escuela de Caballería, donde el entonces coronel Jorge Flores Torres, quien luego sería ministro y congresista aprista, le hizo saber que “ya deberías estar bajo tierra”. Al segundo día de su detención, Villacrez se desplazó hasta la azotea y saltó en una caída de seis metros sin lesionarse, gracias al empleo de la técnica de caída de los paracaidistas comando. Seguidamente se asiló en la Embajada de Venezuela. Sin embargo, la historia de la lucha contra los que habían traicionado a Velasco recién comenzaba. (Mañana: Insurrectos alistan plan de ametrallamiento de Morales e impulsan paro nacional).

Militares chilenos celebraron en Arica victoria golpista de Morales Bermúdez y gritan en coro “Viva el Perú”

VíCTOR ALVARADO
Guarnición chilena fue avisada con anticipación y propio “nuevo presidente” se encargó de confirmarlo en otra llamada a Santiago de Chile

El ingreso de las tropas peruanas por tierra, mar y aire a la antigua provincia peruana de Arica, para recuperarla juntamente con la de Tarapacá, en poder de Chile desde la guerra del guano y salitre de 1879, programado para el cinco de agosto de 1975, fue definitivamente postergado hasta el 06 de setiembre siguiente, luego de que Velasco fue convencido por los conspiradores golpistas encabezados por el general Francisco Morales Bermúdez, pero la operación militar en gran escala nunca se realizaría porque este dirigió un pronunciamiento militar en Tacna que depuso a “Juan sin miedo”.

Velasco, sumamente delicado de salud a raíz de aneurisma aórtico localizado en el abdomen, que derivó en la amputación de una de sus piernas, fue convencido de que la postergación era inevitable porque no se habían instalado los sistemas de misiles “Pechora” antiaéreos en Arequipa y Las Vilcas, para responder cualquier contraataque aéreo chileno y la Marina, igualmente había reportado que no se encontraba lista porque su proceso de rearme había sido hecho con lentitud, a diferencia de las demás armas que lo habían hecho aceleradamente y ya estaban listas. Pero no solo estuvo de acuerdo con la postergación de la guerra, sino también aceptó ser relevado. Los conspiradores, que aparecían como “leales” ante él lo convencieron de que no podía dirigir la guerra en esas condiciones. La entrega del mando debía realizarse el tres de octubre entrante en el sétimo aniversario de la revolución, en una fecha en la que se descontaba que las tropas peruanas ya estarían en Arica y Tarapacá. En Tacna se encontraba como jefe de la plaza militar el general EP Artemio García Vargas, y de acuerdo a los planes de los golpistas este debía advertir al jefe militar chileno de la plaza de Arica, general Odlanier Mena, de que no debía alarmarse del movimiento de tropas porque iban a levantarse contra el general Velasco para deponerlo del gobierno. La cordialidad de García con Mena no era del otro mundo, pues entre ambos como se acostumbra en todas las líneas de frontera, los jefes de plazas cultivan una relación mutua amical, a pesar del clima de tensión que se respiraba tanto en Tacna como en Arica, más en esta última porque desde el año anterior sus contingentes militares trabajaban por turnos las 24 horas del día construyendo defensas de toda clase para detener una invasión militar peruana.

Alerta en Arica

Según un informe exclusivo de la revista chilena “Qué pasa” publicado el 09 de agosto de 1993, “en Arica se instalan redes y sistemas de detección de submarinos en los puertos, dos veces la escuadra ha tenido contactos con submarinos desconocidos sin llegar al combate, radares y armas antiaéreas se mantienen siempre mirando al cielo, por el peligro de los ataques”. “Los regimientos pasan los días y los meses empleando retroexcavadoras, y todo tipo de maquinaria en lo que el entonces segundo jefe de la plaza de Arica, Jorge Dowling llamaba “nuestra agricultura”, en alusión a la excavación de trincheras en interminables kilómetros, camellones y la instalación de una fábrica de tetrápodos, enormes figuras de cemento destinadas a formar diques para la contención” de los mortíferos tanques T-55. Detrás de esas líneas, recuerdan los protagonistas chilenos, sembraban aceleradamente 20 mil minas, que luego en 1981 llegarían a ser 60 mil y todo indica que no serán movidas en el futuro, a pesar del compromiso de desactivarlas asumido ante la Convención Internacional por la desactivación de minas en las fronteras, por la demencial política de la cúpula político- militar chilena de apropiarse de nuevos territorios terrestres y marítimos. Como ya es público, la cúpula político- militar chilena insiste en introducir sobre territorio peruano la línea del paralelo que pasa sobre el Hito N°1, dejando de lado el Hito “0” ó “Concordia” de la orilla del mar, y apropiarse de esta manera de 15,000 metros del territorio terrestre de Tacna y 34,000 km2 del territorio marítimo de las 200 millas peruanas. El almirante chileno (r) Luis de los Ríos, en ese entonces jefe del Estado Mayor de la escuadra declaró entonces: “Nuestra orientación en 1974 y 1975 era de preparación para el conflicto”, evoca “Estimábamos en un 60 a 70% las posibilidades de que nos viéramos envueltos en una guerra”.

Todo consumado

La estrategia del régimen pinochetista, cuya demolición era el otro blanco de la invasión militar peruana ad portas, insistía en oponerle al Perú el argumento de que efectivamente tenía un poderío militar indetenible, pero que tenían una logística supuestamente débil incapaz de resistir una guerra de resistencia de largo aliento. El propio Dowling lo recordó en “Qué Pasa”: “En términos gráficos, el poderío peruano era como un gran puño, pero con un brazo delgado”. Lo real es que esa mañana del 29 de agosto, la guarnición chilena esperaba la confirmación del golpe anunciado la noche anterior por García. Los conspiradores, en realidad no tenían oposición alguna porque todos los generales estuvieron de acuerdo con postergar la invasión y relevar a Velasco. A las 5.00 de la mañana por fin sonó el teléfono. Era el mismo general Artemio García el que nuevamente llamaba en busca de Odlanier Mena, quien se encontraba en Santiago, llamado para hacerse cargo de la Dirección Nacional de Inteligencia, la tenebrosa DINA, autora de miles de desapariciones y asesinato de chilenos. La llamada fue respondida por el segundo jefe, coronel Jorge Dowling: “Avísele a Mena que el nuevo presidente del Perú es el general Francisco Morales Bermúdez”. Dowling y los oficiales que lo acompañaban en espera de ese llamado gritaron al unísono: “Viva el Perú”. Según “Qué pasa”, el propio Morales llamaría después a Mena hasta su casa en Santiago, para darle la seguridad del reinicio de las buenas relaciones entre los dos países. La traición estaba consumada. (Mañana: En marcha de golpe de Estado contra Morales para salvar a la revolución. Comando planea ametrallarlo en desfile)

El “Día D” fijado por Velasco Alvarado para la recuperación de las antiguas provincias peruanas de Arica y Tarapacá

Generales traidores explotaron su delicado estado de salud para postergar la fecha y darle un golpe de Estado en el intertanto

La instauración el 11 de setiembre de 1973 en Chile de una dictadura sangrienta encabezada por Augusto Pinochet Ugarte seguida de la muerte del presidente democrático Salvador Allende Gossens y de un baño de sangre en todo el país, obligó a Velasco a replantear la posición peruana frente al vecino país del Sur, en consideración a que el mandatario usurpador del poder tenía públicos antecedentes de ser autor de tesis geopolíticas que sustentaban que el límite natural de Chile por el norte eran el Lago Titicaca y Arequipa y su presencia en el poder era definitivamente un factor de vecindad conflictiva.
Golpear a Pinochet, de acuerdo a la estrategia de Velasco, permitiría eliminar las ambiciones de nuevas usurpaciones territoriales y en un efecto boomerang, reintegrar las provincias de Arica y Tarapacá al seno de la Patria, con lo cual se pondría fin al recuerdo ominoso de la guerra de rapiña que lanzaron las cúpulas oligárquico militar chileno-inglesa en 1879 para apropiarse de los ricos yacimientos peruanos de guano y salitre y entregarla a los consorcios ingleses que los explotaban y se beneficiaban; y por el otro lado, facilitar el retorno al poder de las fuerzas socialistas, democráticas y revolucionarias en Chile.

La historia recuerda que cuando los chilenos decidieron recuperar estos recursos usurpados al Perú y Bolivia, los grupos de poder chileno- ingleses se opusieron a esa demanda al extremo de lanzar una guerra civil interna, con un saldo de muertos cercano al que tuvieron en las guerras contra sus vecinos. El saldo más lamentable fue el suicidio del presidente Ignacio Balmaceda, en 1891, ante la impotencia de poder decidir la guerra interna a favor de Chile.

Velasco tenía a su favor el poderoso armamento soviético para dirimir la guerra, pero no contaba con la traición de determinados generales que prefirieron insertarse en los planes de la CIA y buscar la oportunidad de deponerlo.

De no haber mediado la grave enfermedad en su sistema circulatorio, aparición de aneurismas y la mutilación de una pierna, los conspiradores no habrían tenido ninguna oportunidad de hacerlo, porque “Juan sin Miedo” como lo apodaba el pueblo, tenía un coraje a toda prueba, una innegable capacidad de control de las fuerzas militares y la lealtad de la unanimidad de oficiales jóvenes, de coroneles a soldados rasos, dispuestos a jugarse por entero por el Binomio Pueblo – Fuerza Armada.

En 1974, las fuerzas de la resistencia chilena antipinochetista deslizaron la información sobre la reunión de Estado Mayor de la Defensa Nacional de Chile, para analizar la posibilidad de una guerra preventiva contra el Perú y en la que el ex Jefe de la FACH los disuadió diciéndoles que “los peruanos harían pedazos a la Fuerza Aérea de Chile en los primeros cinco minutos de ataque”. En el 2004, esta información fue confirmada por el periodista chileno José Rodríguez Elizondo en su libro “Chile – Perú, los años que vivimos en peligro”.

Conspiradores

Velasco concluyó que no había tiempo que perder y fijó el 05 de agosto de 1975 como el “Día D” para la recuperación de Arica y Tarapacá y entre otras medidas, dispuso el traslado al sur de la División Blindada, léase los tanques soviéticos y de la aviación de guerra (MIG y Shukoi) y de las fuerzas de comandos infantes y paracaidistas comandos.

Según lo ha testimoniado el capitán EP Eloy Villacrez Riquelme, uno de los paracaidistas comandos, en su libro “Patriotas y Traidores”, la CIA y el Pentágono ya habían captado a un grupo de oficiales generales que ocultaban su disidencia y se mostraban “leales” a Velasco, entre ellos Francisco Morales Bermúdez, Guillermo Arbulú Galliani, Jorge Parodi Galliani, Luis Cisneros Vizquerra y Gastón Ibáñez O’Brien.

Estos, conspiraban secretamente y encontraron en la grave enfermedad que sufría Velasco, el punto de apoyo que necesitaban para abortar el Plan “D”, desalojarlo del poder y poner fin al “comunismo velasquista”.

Los concertados, dice Villacrez, estaban convencidos que si Velasco llevaba a cabo una guerra victoriosa, el marxismo recuperaría el poder en Chile” y esto también había que evitarlo.

¿Y cómo sacar del camino al poderoso grupo de generales, entre ellos Leonidas Rodríguez Figueroa, Jorge Fernández Maldonado y Rafael Hoyos Rubios, en que se sustentaba el poder de Velasco?

Villacrez narra que Morales y compañía argumentaron que la cantidad de medicinas que tomaba Velasco había alterado sus facultades mentales y éste ponía en peligro la conducción de la guerra contra Chile y del proceso revolucionario.

Estratagema

Prosigue Villacrez: Un médico militar de apellido Rodríguez aseveró que la administración de analgésicos ya no le hacían efecto, y que debía consumir otros de mayor poder cuya influencia en los tejidos cerebrales era preocupante. Luego intervino el general Ibáñez O’Brien, para sustentar que había que pensar seriamente en el relevo “si es que deseamos ganar la guerra a Chile”.

El argumento convenció a los “leales”, quienes ignoraban estar frente a conspiradores, y aceptaron que Velasco debía ser retirado del poder.

“Dentro de este plan golpista, Morales Bermúdez presentó a Velasco una sugerencia para retrasar el día “D” por 30 días para el 06 de septiembre, aduciendo que las baterías antiaéreas SAM no habían terminado de ser instaladas en Arequipa y las Vilcas. Estas baterías eran de suma importancia porque se sabía que Chile había retirado su aviación hacia el sur, hacia el aeropuerto de Puerto Montt y en caso de ataque peruano, podrían desestabilizar el frente atacando a nuestra retaguardia, lo que podría provocar una destrucción muy importante de Arequipa”, evoca Villacrez.

La postergación fue un error fatal, porque antes de esa fecha, el 29 de agosto de 1975, Morales Bermúdez dio un golpe de Estado y se apoderó del Gobierno. (Mañana: Capítulo IV: El golpe contra Velasco. Pinochetistas lo celebran y gritan “Viva el Perú”).

Velasco dotó a FF AA de la más alta capacidad disuasiva con armamento soviético para enfrentar amenazas de Pinochet

Escribe : VICTOR ALVARADO

Dictador chileno planteó hasta en dos oportunidades una guerra preventiva contra el Perú, pero no tuvo el apoyo de sus aliados

La conflictiva vecindad planteada por el ascenso el 11 de setiembre de 1973 al gobierno de Chile del dictador Augusto Pinochet Ugarte, cuyo mayor atributo era liderar en las fuerzas armadas chilenas abiertas posiciones geopolíticas de anexionismo o usurpación de territorios de sus vecinos, llevó al general EP Juan Velasco Alvarado a acelerar el apertrechamiento militar en el marco de sus relaciones con el campo socialista encabezado por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Hasta antes del surgimiento del factor Pinochet, Velasco ya había puesto en marcha desde el 3 de octubre de 1968, es decir, hacía cinco años, el proyecto de contar con una fuerza armada disuasiva, poderosa y líder en el continente y ahora se trataba de apurar al máximo este proceso.

 Anteriormente, Velasco no se había planteado una confrontación con el gobierno socialista de Allende, porque éste se había definido como un gobierno amigo y fraterno, dispuesto a estrechar lazos con los países y gobiernos embarcados en procesos de transformación social, política y económica, y entre los dos países había más motivos de acercamiento que de alejamiento, y más aún los dos presidentes habían expresado públicamente sus coincidencias y alianzas.

 Los dos gobiernos eran objeto de acciones desestabilizadoras por el mismo enemigo: el gobierno de los Estados Unidos. Los dos eran odiados por el presidente Richard Nixon y su consejero Henry Kissinger, quienes no disimulaban sus afanes de promover las más descabelladas intentonas golpistas para removerlos. Al final, lo conseguirían.

 No había otra alternativa, tenía que armar al Perú hasta los dientes. La URSS, aliado del Perú, le extendió un crédito de US $ 2,000 millones de dólares, con intereses bajos, para utilizarlo en su mayor parte en compra de material de guerra soviético, en esa época los más avanzados y cotizados por su potencia de fuego.

 La URSS puso en tiempo récord en suelo peruano un total de 250 tanques T-55, los más mortíferos en la época y que a la fecha permanecen en funciones a pesar de haber devenido en obsoletos; 38 modernos aviones de guerra (20 cazas MIG y 18 Sukhoi-22), 50 cañones antiaéreos de 122 mm, cientos de lanzacohetes bm-21, 80 misiles SA.2 y SA-3 y 200 mil fusiles AK-47, entre otros.

 MORTÍFEROS “PECHORA”

 Paralelamente, el gobierno adquirió 2 destructores ingleses de la clase Daring, un crucero holandés que se convirtió en el Buque Insignia “Grau”, dos submarinos U-209/100 y contrato de construcción con el astillero italianoCantieri Navali Riunit de 4 fragatas misileras tipo “Lupo”, de los cuales dos fueron entregados en estado nuevo y los otros construidos en el Perú en los astilleros SIMA repotenciados por el gobierno de Velasco.

 La URSS cumplió puntualmente el contrato, incluso hasta después del derrocamiento de Velasco, en que hizo entrega del sistema de misiles tierra-aire Isayev S-125 conocido como “Pechora”, considerados obsoletos por muchos expertos occidentales, pero en la guerra del Kosovo de 1999, dieron la sorpresa al ser utilizados por los serbios y destruir en el aire un F-117 de EEUU y un “Invisible” Nighthawk, aunque se habría tratado de un S-125 usado modificado por coronel Zoltán Dani para detectar los aviones “invisible”.

 Velasco no estaba equivocado en sus previsiones frente a una probable agresión del “gendarme” en que había sido convertido Chile por la CIA y el Pentágono norteamericano, porque como la historia lo ha revelado años después, Pinochet hasta en dos oportunidades planteó la conveniencia de lanzarle al Perú una “guerra preventiva” supuestamente para derrocar al “comunismo velasquista”, pero no las tuvo consigo porque no le acompañó la unanimidad de sus concertados.

 Conforme lo ha narrado el periodista chileno José Rodríguez Elizondo, de larga estadía en el Perú y ahora residente en su país, en su libro “Chile- Perú los años que vivimos en peligro”, en 1974, cuando aún Velasco permanecía fuerte al frente del Gobierno Revolucionario de las FFAA y el Perú ya tenía un alto poder de fuego gracias al armamento soviético, Pinochet convocó al Estado Mayor de la Defensa Nacional de Chile para analizar la posibilidad de ataque militar masivo al Perú.

 Rodríguez Elizondo ha reconstruido lo que ocurrió en esa reunión, gracias al testimonio del ex jefe de la Fuerza Aérea de Chile, general de Aviación, Fernando Matthei, quien le narró que Pinochet solo tenía el respaldo del Ejército y no de la Marina ni de la Aviación y que desbarató los argumentos de Pinochet, diciéndole: “Puedo garantizar que los peruanos harían pedazos a la FACH durante los primeros cinco minutos de ataque peruano”.

 PINOCHET SIN PISO

 Posteriormente, el 08 de junio de 1976, según Rodríguez, cuando ya Velasco había sido relevado por Morales Bermúdez, Pinochet en una reunión privada con el secretario de Estado, Henry Kissinger, sostenida en el marco de la Asamblea de las NNUU, le planteó insistentemente la posibilidad de lanzarle una guerra preventiva al Perú, pero su interlocutor, aunque no lo dijo, consideraba que con Velasco fuera del gobierno, había desaparecido el peligro comunista.

 Kissinger dejó abierta la posibilidad de apoyar a Chile, siempre que el agresor fuera el Perú. (Mañana: “El día “D” programado para recuperar Arica y Tarapacá).

Fuente : La Razón

HISTORIA DE UNA CONFLICTIVA VECINDAD CON CHILE (Parte II)

Políticas de vecindad de Pinochet y Velasco opuestas: el primero, un dictador sangriento; y el otro, ídolo popular

Escribe : VÍCTOR ALVARADO

 La posibilidad de construir en Chile una vecindad armónica, y solidaria con sus vecinos Argentina, Perú y Bolivia, fueron echadas por la borda con el derrocamiento del gobierno democrático de Salvador Allende Gossens y la instauración en Chile de la dictadura militar de Augusto Pinochet Ugarte, debido a que este puso en la agenda del nuevo gobierno sus añejas hipótesis de guerra contra sus vecinos y sus ambiciones de anexiones de territorios ricos en recursos mineros.

La CIA y el Pentágono, con la directa intervención del presidente Richard Nixon, verdaderos artífices del golpe contra Allende, ungieron al nuevo gobierno como el gendarme de esta parte del continente con el encargo de embarcarse en una carrera armamentista, con el fin de adquirir la capacidad de guerrear al comunismo en la forma de “velasquismo” en el Perú, “guevarismo” en Bolivia y “peronismo” o “montoneros” en Argentina.

 Han tenido que pasar 40 años para que se conozca en su verdadera faz al padre de la criatura del golpe contra Allende, gracias a la desclasificación de conversaciones secretas entre Nixon y su consejero de Seguridad Nacional, Henry Kissinger, entre febrero de 1971 y mediados de julio de 1973, meses antes del golpe pinochetista, donde entre otras frases califican a Salvador Allende de “un hijo de puta” y que querían “patear su trasero”.

 Más tarde, luego de que Allende resolvió crear un impuesto sobre el exceso de ganancias de las compañías mineras extranjeras, lo que ahora se conoce en el Perú como “impuesto a las sobreganancias”, Nixon le dijo a Kissinger: “He decidido remover a Allende”.

Pinochet en Chile y Velasco en el Perú, en el período en que estuvieron frente a frente, desde el 11 de setiembre de 1973 en que lanzó el golpe contra Allende y 29 de agosto de 1975, en que Velasco fue objeto de un golpe de estado por los “amigos” de Pinochet, los dos tuvieron políticas vecinales tensas que no se desbordaron porque la procesión iba por dentro.

Frente a frente

Pinochet sabía que no podía embarcarse en ninguna aventura bélica contra Velasco hasta rearmarse, para lo cual inició una carrera armamentista teniendo un proveedor principal: los EEUU. Pero antes debió desmontar las reformas sociales de Allende: la reforma agraria, traspasar las empresas estatales al sector privado, entregar la administración de las pensiones a terceros privados, entre otras, lo cual lo hizo en medio de un clima de sangrienta represión.

Los “privatizadores” chilenos respetaron la nacionalización de la gran minería del cobre hecha por Allende y mediante la Ley Reservada del Cobre, la convirtieron en proveedora del 10% de sus ingresos a las FFAA, para que esta cumpla con el objetivo de convertirse en el “gendarme” de la región.

Pero, Pinochet nunca tuvo a su favor el frente interno, léase el apoyo popular, sin la cual estaba impedido de lanzarse a una aventura bélica, debido a la sangrienta represión que practicó contra los seguidores del presidente Allende, contabilizándose, según el Informe de la Comisión Rettig, 3,197 personas asesinadas y desaparecidas entre 1973 y 1990, en que fue relevado por la Concertación Nacional.

A diferencia de su vecino, Velasco tuvo a su favor un frente interno excepcional gracias a un meditado programa de reformas sociales, políticas y económicas. Los amplios sectores populares de la costa, sierra y selva le extendieron un apoyo militante sin reservas y lo catapultaron a la categoría de “ídolo popular”.

 La principal reforma que cambió la faz del país fue la reforma agraria que expropió siete millones de hectáreas y las traspasó a las creadas Sociedades Agrarias de Interés Social, Cooperativas Agrarias de Producción y Empresas Rurales de Propiedad Social, cuyas direcciones fueron entregadas a los propios campesinos.

 Reformas

También se contaron la nacionalización de La Brea y Pariñas regentada por la International Petroleum Company, por la rebeldía a pagar adeudos por impuestos por 900 millones de dólares desde 1922, promulgada el 29 de octubre de 1968, fecha que pasó a convertirse en el Día de la Dignidad Nacional,

 Se sumó la nacionalización de la Cerro de Pasco Co., la más grande empresa minera norteamericana, conformada por nueve grandes yacimientos incluido el complejo metalúrgico de La Oroya. Se legisló para que los inversionistas extranjeros solo pudieran transferir al exterior el 14% de sus utilidades a efectos de que reinviertan el resto en el país.

 En verdad, se requiere de una página especial para hacer el recuento de obras que le permitieron el mayor apoyo que haya recibido gobernante alguno en la historia del Perú, con la excepción de la ultraizquierda y la facción derechista del Apra, que conspiraron para derrocarlo, hasta que lo consiguieron

 Pocos saben que Velasco perteneció al equipo de militares que combatieron las guerrillas de 1965 de Luis de la Puente Uceda y que durante ese proceso fue conmovido hondamente por la dura opresión social de la semifeudalidad, en que los gamonales disponían incluso de la vida de sus siervos. Los vencidos se convirtieron en vencedores, porque Velasco hizo suyo el mensaje de redención social de los derrotados y lo primero que hizo al llegar al gobierno fue hacerle justicia a los pobres del campo.

A la inversa de su vecino, Velasco no tenía la posibilidad de dotar al país de una capacidad disuasiva para enfrentar una probable agresión externa y esta preocupación fue satisfecha por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). (Mañana: Perú, potencia militar en el continente con armamento ruso).

Fuente : La Razón