Una reflexión sobre la revolución de Trujillo y la homologación de remuneraciones de FFAA y PNP

Desinformación e incomunicación están recrudeciendo antiaprismo en las Fuerzas Armadas y Policía Nacional

J. GERMÁN PARRA HERRERA

General División EP (r)

Un grupo de colegas, militares y policías, decepcionados por la situación del largo proceso de solución de las remuneraciones y pensiones del personal de las FF AA y PNP y como una expresión de protesta contra la actitud del gobierno del APRA, propusieron reiniciar los homenajes a los militares y policías asesinados el 10 de julio de 1932 durante la revolución de Trujillo. Felizmente, la sensatez se impuso, pero se evidenció el descontento existente en un millón de votantes en un ambiente electoral. Esta tendencia la advertí a la dirección política del partido aprista, en la reunión habida en el Centro Naval el 18 de marzo con Adogen, cuando entre otras cosas dije en dicha reunión: “La incomunicación y la desinformación están recrudeciendo el antiaprismo en las FF AA, cisma que tanto daño hizo al país” (LA RAZON 05 de mayo del 2010).

Este hecho me ha inducido a formular, una vez más, una reflexión sobre la Revolución de Trujillo y las remuneraciones y pensiones pendientes de las FF AA y PNP. Nuestro país ha vivido la ficción histórica de transitar de revolución en revolución. A cada rebelión o cuartelazo se le denominó revolución, desvirtuando el concepto. La de Trujillo en 1932 sí “fue una revolución obrero-campesina, ella tuvo un propósito social” (Javier Valle-Riestra y Alfonso Barrantes Lingán).

El 7 de julio del presente año se cumplen 78 años de este hecho histórico que nos marcó con fuego. Guillermo Thorndike la llamó “El año de la Barbarie”. Fue una verdadera rebelión de las masas, una insurrección popular. Basadre la tituló: “La Guerra Civil de 1932 y 1933”. Fue la época más sangrienta y feroz del siglo anterior. Su epílogo fue el asesinato del presidente Luis Sánchez Cerro, el 30 de abril de 1933.

La Revolución de Trujillo no surgió por generación espontánea: interactuaron causas sociales, políticas y económicas y la oligarquía, de entonces, echó más leña al fuego. Para comprenderla hay que sumergirse en las profundidades de sus antecedentes.

Producido el hecho, la violencia recíproca se realimentó y desbordó todo control y los protagonistas se vieron envueltos en una vorágine cruenta. La susceptibilidad impidió un análisis objetivo. Durante muchos años este episodio fue de ingrata recordación y el análisis se recluyó en lo íntimo. Mutuas recriminaciones del Ejército y el APRA hurgaron las heridas, impidiendo su cicatrización.

La Revolución de Trujillo fue una verdadera Rebelión de las Masas. Se podría decir, como ORTEGA Y GASSET, “que este asunto es demasiado humano para que no le afecte demasiado el tiempo”.

Ninguna oportunidad mejor, que la actual, para efectuar una reflexión, sobre este hecho histórico cuando la postergación de la solución a los problemas de las FF AA y PNP orientan a interpretar la decisión de la reestructuración integral de estas instituciones como una sanción más que como una solución.

La unidad entre civiles y militares es un hecho pendiente en la realidad nacional. Los antecedentes se remontan al militarismo de los primeros años de la República y el revanchismo de los políticos.

Siempre tuve la tentación de formular una reflexión pública sobre este hecho histórico por una razón quizás freudiana. Tuve la precepción que era un tema tabú, sensible a rencores.

La Revolución de Trujillo ahondó la brecha entre el APRA y el Ejército. Cada año hubo mutuas recriminaciones. La Revolución de Trujillo fue un factor adicional que agregó una característica a la brecha: ¡El enfrentamiento ahora sutil entre el APRA y el Ejército! Los militares se sintieron afectados por el asesinato de 11 oficiales y 20 guardias civiles; y el APRA, por su parte, sintieron en carne propia los excesos de la represión que se materializó con 6.000 ejecuciones en las ruinas de CHAN CHAN.

Como militar y como aprista he analizado objetivamente este suceso desde las dos orillas de la brecha. Estoy convencido de que para superar este conflicto psicológico es necesario explicitar los hechos como catarsis, que libera las pasiones. La historia está hecha de luces y sombras que enfrentan y dividen a la sociedad. La reconciliación que unifica requiere acudir a la verdad sin atizar el odio ni la venganza; el olvido no reconcilia, porque los hechos se refugian en el inconsciente colectivo y de allí afloran generando conflictos. Necesitamos unidad nacional para desarrollar y vivir en paz.

Mi propósito no es narrar detalladamente los hechos, sino precisar su importancia para el presente. El comandante Luis M. Sánchez Cerro fue elegido presidente de la República en un proceso cuestionado. Los apristas fueron perseguidos, se encarceló a Haya de la Torre el 6 de mayo de 1932; un adolescente aprista atentó contra la vida de Sánchez Cerro en Miraflores, se le conmutó la pena de muerte; al día siguiente del encarcelamiento de Haya de la Torre la tripulación de los cruceros Grau y Bolognesi se amotinó. Se fusiló a 8 marineros previo proceso sumario con jueces con rostro pero sin alma; se clausuraron diarios, se deportó a periodistas; se clausuró la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

En la madrugada del 7 de julio, la masa obrero-campesina tomó el cuartel O´Donovan. El líder del asalto, Manuel Barreto, murió. Se hicieron prisioneros a los oficiales y clases del Ejército y a guardias civiles. Los encerraron en la cárcel pública. La ciudad quedó a merced de la irracionalidad de la masa; el presidente Sánchez Cerro inició la contraofensiva por aire, mar y tierra. La orden era “arrasar la ciudad”, “los revoltosos solo deberán quedar a 2 metros bajo tierra”. El pánico y la confusión ante el bombardeo y el avance de las tropas cundieron en la población, los que pudieron evacuaron la ciudad y los delincuentes aprovecharon.

En la madrugada del 10 de julio se produjo el horrible asesinato de los oficiales, tropa y guardias civiles detenidos en la cárcel. Fue una de las páginas más abominables de la Historia del Perú. Ningún episodio se le puede comparar. Pero esto no justificó la represión que sobrevino. Miles fueron ejecutados sin proceso” (Basadre).

“Una turba exaltada, sin control, ajena a la consigna, entró a la cárcel y disparó a través de las rejas” (E. Chirinos).

“EL Ejército, a través de los años, lo tomó como un agravio inferido a todos los que visten el uniforme de la Patria” (Basadre). El Gobierno intentó aniquilar al enemigo, el exceso de la represión y fusilamiento en Chan Chan dieron lugar a rebeliones en otros lugares y el país se vio envuelto en una vorágine de violencia. Durante muchos años este episodio fue de ingrata recordación. Mutuas recriminaciones hurgaron las heridas. Cada 7 de julio hubo muchas demostraciones de cada lado ante las tumbas de los caídos de cada lado. Las heridas se mantenían abiertas. Felizmente esta situación se superó; hoy el resentimiento quiere reavivarla.

En provecho de la Unidad Nacional fue necesario superar el abismo entre el APRA y el Ejército; Haya de la Torre lo demandó: “Nosotros creemos que todo lo que pasó en la lucha fratricida, en la guerra civil que vivimos en una época, debe ser superada definitivamente por una fraternal línea de reconciliación nacional de los cuales es un ejemplo la fraternidad europea”.

El general de división Francisco Morales Bermúdez, comandante general del Ejército, dispuso suprimir las ceremonias de cada 7 de julio porque era hurgar heridas. Yo fui testigo de la orden. Por esa misma época, el entonces general de brigada Arturo Fernández Andrade, comandante general de la 32 División de Infantería, con sede en Trujillo, invitó al presidente de la región, Juan de Dios Cubas Cava. Y en su discurso le dijo: “Presidente, es un honor tenerlo aquí. Es el primer civil y el primer aprista que ingresa a este recinto. Los muertos de uno y otro lado estarán moviéndose en sus tumbas, pero la patria nos quiere juntos”. ¡Mensaje feliz!

La transición en la década del 80 del gobierno militar al régimen democrático dio lugar a coordinaciones entre una comisión de generales y líderes apristas. Escuché a algunos generales opinar que si hubieran conocido antes a Víctor Raúl Haya de la Torre, el destino del Perú hubiera sido otro.

Víctor Raúl Haya de la Torre, en su discurso de agosto de 1931 en la Plaza de Acho, refiriéndose a las FF AA, entre otras cosas afirmó: “…las FF AA deben ser un cuerpo técnico y moral; el servicio militar debe tener un concepto democrático; deben participar en el desarrollo nacional; somos partidarios de su absoluta independencia y el Estado debe garantizar su dignificación y honor; la adhesión a las FF AA no es un recurso oratorio; es el resultado lógico de nuestra ideología (…)”.

Esta es parte de la doctrina que orienta al gobierno que preside el Dr. Alan García, quien en su primer mensaje a la Nación ofreció dignificar a las FF AA y ubicarlas en el sitial que les corresponde en la sociedad. A Víctor Raúl Haya de la Torre, en su lecho de enfermo, el gobierno militar le otorgó la condecoración Orden del Sol por los eminentes servicios a la patria. Fue un reconocimiento póstumo de sus méritos y la reconciliación empezó.

El general de división Francisco Morales Bermúdez, ex presidente de la República, en una entrevista en la revista Caretas del 01 de julio de 1999, refiriéndose a Víctor Raúl Haya de la Torre, dijo: “De Haya de la Torre tengo el mejor de los recuerdos. Era un hombre extraordinario y un caballero. Teníamos conversaciones de tres a cuatro horas sobre el futuro del país. Tuvimos una gran afinidad. Es una pena que su enfermedad nos privara de una mente tan lúcida”. El APRA tiene que ser consecuente con su líder máximo.

El tiempo inexorable ha descorrido el velo y nos exhibe la verdad, ella está hecha de la suma de las verdades relativas de cada uno. La verdad nos demuestra la necesidad de anteponer la unidad nacional a las pasiones individuales.

En este aniversario rindamos homenaje a los caídos, militares y civiles, en la revolución de Trujillo. La muerte heroica asegura la presencia permanente de ellos en los fastos gloriosos de la Patria. ¡Es necesario apoyarnos en la historia para construir el futuro de la Patria, sin errores del pasado! ¡Una patria unida con paz social que invite a la inversión no solo para el crecimiento económico, sino para el desarrollo; cuyo sustento sea una democracia plena con un sistema de partidos. ¡Firmes y felices por la unión!

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