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Una reflexión en el 130º aniversario del epónimo Combate Naval de Iquique

Hugo Ramírez Canaval

Contralmirante (r)

El Combate Naval de Iquique, realizado el 21 de Mayo de 1879, tiene un doble significado muy especial en nuestra historia. En ese día, los peruanos y los chilenos “nos volvimos a pintar de cuerpo entero” –como decía mi sabia abuela– con todas nuestras virtudes: los de acá y con todas sus tristes realidades los de allá.

No voy a relatar el Combate, estimado lector, pero para situarnos, diré que ese día sucedió el primer encuentro de nuestro glorioso Monitor “Huáscar” al mando de Miguel Grau y la Fragata “Independencia” al mando del capitán de navío Juan Guillermo More, que habían salido a pesar de estar tan mal reparados de urgencia, luego de varios años desarmados con las calderas y los cañones en tierra; tenían dotaciones sin entrenar, y –para colmo– no contaban con la munición adecuada: disparaban balas-bolas como perdigones gigantes que rebotaban en el casco de los blindados chilenos. Así, fueron a buscar al enemigo.

Así, zarparon para buscar a la poderosa escuadra enemiga que sabían que estaba bloqueando el no protegido puerto de Iquique.

Sobre el Combate Naval de Iquique, sabemos que al comenzar las acciones, el chileno capitán de corbeta Carlos Condell huyó del escenario con su buque la corbeta Covadonga a pesar de que su jefe Prat le había ordenado combatir. En la historia de las guerras en el mar, nunca se ha sabido de un comandante de buque de guerra en esa cobarde situación. Sabemos también que por designio aciago del destino –que por otro lado fue muy pródigo con Chile– perdimos en aquel primer día de operaciones nuestro mejor buque –la Independencia– que varó mientras perseguía a Condell.

Asido a la baranda

Sabemos que la Esmeralda se encontraba fondeada con la ciudad de Iquique al fondo, razón por la cual Grau no podía emplear los cañones para no dañar la población y decidió emplear el espolón y que en el tercer intento hundió a la Esmeralda. Sucedió que como consecuencia del espolonazo, el comandante de la Esmeralda, Capitán de Fragata Arturo Prat, cayó a la cubierta del Huáscar donde falleció como un hombre, pues supo afrontar su destino y presentó combate. Debo dejar constancia de que es una falta de respeto a su memoria, el que algunos chilenos lo presenten como un pirata abordador.

Esos chilenos quieren convertir esta fatal caída en “salto al abordaje” a pesar de que el segundo oficial Teniente Uribe escribió: “la última vez que vi a mi comandante en la inclinada toldilla, estaba fuertemente asido a la baranda para no caer”. Lo triste es que hay historiadores peruanos que haciendo coro a las mentiras de algunos chilenos, dicen que Prat “murió en un temerario intento de abordaje”. Ya les aclararemos su ignorancia.

Por otro lado, sabemos que Grau ordenó rescatar a los sobrevivientes, quienes una vez en cubierta del Monitor (7 oficiales y 55 tripulantes) corearon el agradecido y sonoro “¡Viva el Perú generoso!” lanzado por el Teniente Uribe, Segundo de Prat. Lo feo de aquella historia, es que en esos precisos momentos y solamente 10 millas al sur, en Punta Gruesa, el chileno Condell que había huido cobardemente de Iquique, se puso “valiente” y le salió el “huaso” al ver que sus perseguidores de la Independencia varada en una roca desconocida, trataban de salvar sus vidas, y los cañoneó y ametralló por 40 minutos, hasta que apareció en el horizonte la silueta del Huáscar, con los rescatados chilenos a bordo. Entonces… ¡Volvió a huir! ¡Y ese es un héroe para los chilenos!

Veamos lo que dicen los historiadores chilenos y los documentos chilenos:

Condell al desnudo

Carlos López Urrutia, dice: “Condell al verse atacado decidió desobedecer las órdenes de Prat y emprender la retirada. More trató de maniobrar con el fin de atacar a la Covadonga con el espolón por haber perdido su cañón de proa (…) la Independencia se varó, la quilla quedó destrozada y el buque escorado. Condell gobernó de manera que se situó con su buque a la popa del blindado donde podía cañonear a su gusto sin peligro”.

Jorge Inostrosa, en su historia novelada dice: “Entretanto la Covadonga huía hacia el sur…”. Luego de relatar la varadura de la Independencia, continúa: “Condell viró para pasar cerca y gritó ¡fuego! con ferocidad… era aquella una matanza despiadada…”

En el “Diario de la Guerra del Pacífico” de “El Mercurio” de fecha 28 de Junio de 1979, bajo el título: “Sin la Providencia que guió a Condell” se publica una carta de fecha 28 de Junio de 1879, que dirige el Comisario General, civil Sotomayor, al Ministro Varas, y le dice: “Es muy sensible y hasta inexplicable que poseyendo la escuadra tan poderoso material no haya podido aún hacer algo esencial en la guerra (…) sin la Providencia que guió a Condell por los escollos en que varó la Independencia, la campaña habría sido una verdadera derrota. Lo digo a Ud. con toda sinceridad y sentimiento, creo que hasta ahora la escuadra peruana ha dado pruebas de mayor audacia que la nuestra”.

Esta es la historia de dos actuaciones en la misma mañana, que demuestran quien es quien o quien fue quien en aquella Campaña Naval, que nuestros historiadores no nos cuentan. No lo dicen como si tuvieran miedo de resaltar las grandezas de nuestros combatientes así como las bajezas y cobardías de los enemigos. ¡Nuestros jóvenes deben conocer la verdad!

Jugosas comisiones

Con este ejemplo, nos podemos explicar la razón del descontrolado armamentismo chileno. Ellos saben porqué 130 años después, todavía desconfían de su “jiente”.

Todos entendemos que la otra razón son las jugosas comisiones. Los peruanos los tenemos catalogados: Prat y Condell: 50% de valientes y 50% de cobardes y mentirosos. Pueden seguir comprando. El material ayuda, pero no lo es todo. ¡Cuando no hay hombres, no hay hombres!

Porque saben eso es que a pesar de tanto armamento, han buscado la protección de Ecuador y de Bolivia, y ahora están acudiendo ante Venezuela. El miedo hace perder la vergüenza, pero no les importa. A nosotros nos da risa, como a todo el mundo en el mundo, y no nos importa, porque los marinos del mundo sabemos que: “Pelean los hombres, no los buques”. Esto nos confirma la convicción de que debemos hablar el mismo lenguaje: ¡A la razón, con razones. A la fuerza ¡Con más Fuerza!